Alberto Ramos Garbiras

Proteger los hábitat

Alberto Ramos Garbiras

Ante los daños gravísimos en los ecosistemas urbanos(ríos convertidos en caños, humedales desecados por los urbanizadores, tala en los cerros circunstantes, etc.) la población reacciona y solicita orientación, surgen los veedores ciudadanos, la personas se instruyen; la afectación del entorno hace que se produzca una toma de conciencia y de aprendizaje bioético. Los temas ambientales están dejando de ser un asunto de especialistas, la necesidad de enfrentar la destrucción y frenar la pérdida en la calidad de vida conforman elementos del ambientalismo popular: actitud de grandes capas de la población para proteger sus hábitat.

La vida de un ser humano es imposible en solitario durante dos etapas: la niñez y la vejez. Debe estar asistido por la familia. La vida en las ciudades es imposible sin los recursos naturales (agua, aire y suelos). Pero las ciudades están siendo afectadas y cercadas por los desecadores, por los mismos alcaldes ignorantes sin instrumentos de planeación, y por los agroindustriales que amenazan la huella ecológica y alteran los ciclos de agua dejando es riesgo la seguridad alimentaria. Los servicios ambientales de las ciudades vienen del campo, desde lo rural discurren las aguas que hacen parte de cuencas con sus microcuencas, por lo tanto hay que respetar los bosques.

En Cali el parque Natural los Farallones no está debidamente protegido y la sostenibilidad de la ciudad depende de la conservación, pero los bosques están siendo devastados por las innumerables construcciones de casas secundarias en todas las veredas, parcelaciones que se agigantan (esto conlleva a desviación del agua con mangueras, trinchos y acequias), más el desraizamiento de suelos y prácticas agrícolas inapropiadas para poner a producir las nuevas parcelas.

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