Un profesor de español y literatura, tal vez con buena intención de facilitar la vida a los estudiantes, les recomendó que vieran “Cien años de soledad” en la plataforma Netflix, porque esa sería la novela básica del programa en el siguiente nivel de literatura, al regreso de vacaciones.
Qué bueno sería si se hubiese puesto de acuerdo con un colega de educación artística y de manera conjunta los muchachos analicen lo literario y lo estético del filme: la locación, la adaptación, el guión, la estructura narrativa, la actuación actoral, los planos, la fotografía, las imágenes, la banda sonora.
Tratándose de un filme basado en una novela, habrá que mirar cómo quedó la adaptación.
Para los críticos la adaptación es un indicador clave para calificarla.
A los mayores que otrora en bachillerato leímos con pasión a García Márquez, nos quedaba fácil emitir juicios críticos, sin embargo, optamos por releer el libro antes de ver la adaptación cinematográfica.
¿Qué podrá analizar un muchacho que necesitaba mínimo veinte días para leerla y discutir colectivamente en clase, una sesión por cada capítulo del libro, pero que le encargan ver la adaptación en una serie de cinco entregas? Después de ver la serie que sumará máximo ocho horas, ¿el muchacho podrá concentrarse en la lectura de 350 páginas? ¿Será divertido algo que ya no lo llevará a imaginar nada? Una adaptación necesita que los espectadores hayan leído la creación literaria del autor, no viceversa.
Ver “Cien años de soledad”, adaptada en cine, sin haberla leído previamente, puede provocar aplausos, pero sin evaluar si es fiel aquella versión fílmica.
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