Faltan ocho días para que se vaya Santos de su cargo y el país está igual o peor de polarizado. Pero también sin que se aclaren muchos actos de corrupción en su gobierno.
Veamos: Las regalías se utilizaron como mermelada para muchos congresistas de la unidad nacional, pero se las robaron en cupos indicativos para las regiones donde se encuentran muchas obras abandonadas.
Una de ellas, el agua para lugares de gente muy pobre, o los desayunos para los niños pobres que estudian en colegios pobres en infraestructura.
Mucho dinero perdido a través del Fonade, organismo predilecto de congresistas y sus contratistas. La corrupción en Bienestar Familiar, cuya directora Cristina Plaza fue obligada a renunciar por no entregar contratos a la “unidad nacional”.
Ni que decir de los abultadísimos robos en Electricaribe, Reficar, Odebrecht (culpable de la reelección santista).
Ni hablar de los inconmensurables despropósitos financieros manipulados por su secretario general en el Sena y en el manejo de la pauta publicitaria entregada a los poderosos medios de comunicación para que “hablaran bien del gobierno” y atacaran a sus opositores. Y los trastornos de la JEP con el presupuesto asignado, que permitió contratar, entre otros, a la esposa del senador Iván Cepeda, con veinte millones mensuales, como asistente, a sabiendas que su marido es demasiado allegado a las farc.
Y los dineros del posconflicto, manipulados, causa para que muchos rasos de las farc estén en las disidencias.
Mientras tanto, los organismos de control y de justicia, aparte de comunicados para anestesiar a la opinión pública, nada de nada. Difícil la tendrá Duque.
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