¿Podremos salir de la crisis?

Miguel Ángel García López

La misma palabra encierra la afirmación, sí es posible salir de la crisis. Antes del 28 de abril nos encontrábamos en un estado de comodidad, no propiamente general, pero sí a nivel de gobierno, la economía se iba recuperando con un crecimiento del PIB sorprendente para el primer trimestre, pese a lo doloroso de la pandemia, la situación de la salud, la llegada de las vacunas a cuenta gotas, de lo cual no podríamos culpar al ministerio, ya que de todos es bien sabido el acaparamiento que hicieron los países ricos de los biológicos, aprovechando su poder económico y en el afán de garantizar para su población la inmunidad contra este covid-19 que en muy mala hora azotó al planeta.

No obstante, ese grito de la población se hizo necesario para hacernos entender que la comodidad no era general porque los demás indicadores no eran tan halagüeños, con una tasa de desempleo urbano que se negaba a ceder y unos indicadores de pobreza disparados.

El grito de la desesperanza de los jóvenes que vieron la oportunidad de manifestar su inconformismo y que fueran escuchados de lo alto, no de las huestes celestiales sino de las huestes estatales, nos ha enseñado que el estado colombiano requiere una reestructuración, la cual inevitablemente deberá asumir el gobierno que se inaugura en el 2022.

Lo anterior no significa necesariamente que se deba mover el péndulo al lado contrario cambiando el sistema, pero sí que debemos hacer las cosas de mejor manera, mirando la parte humana por encima de otras consideraciones.

Para un joven de la desesperanza, hablarle de las calificadoras de riesgo o del grado de inversión, significará lo mismo que hablarle a un loro de la física quántica, y no lo digo por pensar que carecen de neuronas, al contrario, han demostrado una capacidad intelectual asombrosa, sino porque en el momento su interés está centrado en que no encuentra empleo, que se vence el alquiler, que los servicios públicos deben pagarse y que las oportunidades de ingresar a la educación superior se reducen.

Aquí no caben los oportunistas que saquearon, destruyeron bienes públicos y privados y prolongaron indefinidamente los bloqueos, así se afirme que estos eran necesarios.

La solución entonces radica en el fortalecimiento de las empresas, que puedan producir más y por ende emplear más y en la medida del incremento de sus ventas y sus utilidades, no solamente tributar más, sino mejorar el nivel de vida de sus trabajadores, lo cual generará el bienestar, moverá la economía e irá irrigando al país del optimismo que ahora parece perdido.

Y la banca? No ha dado muestras de haberse enterado del dolor por la pandemia, continua cobrando intereses casi de usura, no solo a los tarjetahabientes sino a los préstamos de consumo, hipotecarios y de todo orden.

Y la DIAN? Bien, gracias, atosigando a los contribuyentes con intereses de usura menos dos puntos, sanciones que en la mayoría de los casos alcanzan el capital, embargando a deudores morosos, sancionando a los que le pagaron anticipadamente el IVA por haberse equivocado de periodo, haciendo ineficaces retenciones en la fuente por no haberse pagado al día 60 sino al 61 y aplicando sanciones expropiatorias por información exógena, que no debería ser obligación de los contribuyentes y del contador enviar, sino buscarla por otros medios idóneos con los cuales debe contar.

Esperamos que el nuevo Ministro de Hacienda quien ha dado muestras de mesura, pueda comprender que por lo menos en los departamentos del Valle, Cauca y Nariño, no tenemos la caja suficiente para cubrir las obligaciones del 2020 y 2021; urge entonces otorgar plazos sin intereses y sin sanciones hasta finales del año, a fin de que los empresarios podamos respirar un poco y no solamente hacer burbujas como peces agonizantes.

*Presidente del centro de estudios Grupo de los 100

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