Piero escogió a Cali para celebrar las bodas de oro de su carrera artística. Pero el 19 de noviembre, cuando fuimos al Jorge Isaacs, quedamos estupefactos ante la cancelación del espectáculo, él tenía neumonía.
Nos regresamos tristes, pero confiados que sanaría porque es un hombre creyente. Entonces titulé una columna: “Plegaria por Piero”. Pedía a Dios que cuidara al argentino que escogió también ser nuestro compatriota. Frustrado busqué noticias sobre su salud. Añoré “Mi viejo” porque fue el himno que le dedicaba a Rafael los días del padre. Ahora lo hacen mis hijos conmigo. Su “Sinfonía inconclusa en la mar” me incitó a jugar con mis hijos y después con mis nietos. ”Pedro nadie” me llenó de amor hacia los campesinos.
Por eso, en estos días de pandemia, cuando en una plataforma vuelve a cantar, emociona y convence de confiar en el poder de las palabras. Su canción “Esperanza” anuncia que volverán tiempos de calma, tan anhelados durante este caos: “Cuando la tormenta pase/ y se amansen los caminos/, y seamos sobrevivientes/ de un naufragio colectivo. /Con el corazón lloroso/ y el destino bendecido/ nos sentiremos dichosos/ tan solo por estar vivos./ Le daremos un abrazo/ al primer desconocido/ alabaremos la suerte/ de conservar un amigo./ Entonces recordaremos/ todo aquello que perdimos/ de una vez aprenderemos / todo lo que no aprendimos./ Ya no tendremos envidia/pues todos habrán sufrido./ Ya no tendremos desidia/ seremos más compasivos./ Valdrá más lo que es de todos,/ que lo jamás conseguido./ Seremos más generosos,/ mucho más comprometidos./ Entenderemos lo frágil/ que significa estar vivos/”. Bendiciones, Piero-esperanza.
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