Corríjanme diciéndome que la locución correcta es “Pienso, luego existo” … El famoso planteamiento filosófico “Cogito ergo sum”, de René Descartes, y que fundamenta nuestro racionalismo occidental. Pero también concédanme unas líneas para explicar mi título.
El poder del pensamiento es incontrovertible; crea e incluso puede dibujar y pincelar nuestra realidad. Así lo entendí desde hace mucho tiempo cuando tuve la oportunidad de leer el libro “Piense y hágase rico” de Napoleón Hill. Una obra que a pesar de haber sido publicada en los años treinta del siglo pasado, sigue siendo la Biblia para la mayoría de los emprendedores entre los cuales me incluyo. Y setenta años después aparecería el libro “El Secreto” en el que también se aborda el tema.
Todo lo que vemos y contemplamos en el mundo humano fue creado a partir de un pensamiento. Una primera e inmaterial idea que se gestó en lo profundo de una mente y que luego se materializó. Construcciones, satélites, sinfonías, sistemas económicos, medicinas, redes sociales, y cuanta maravilla creada por el homo sapiens primero fue una idea… ¡Un pensamiento!
Y el punto es que nuestras emociones también nacen de un pensamiento. Para sentir alegría, sorpresa, ira o tristeza debemos primero pensar. Sería imposible sentir tristeza si desconocemos la mala noticia que la produce. Inicialmente debe implantarse el pensamiento en nuestra mente y luego sentiremos en consecuencia.
Así las cosas, tenemos en nuestras manos -o mejor dicho en nuestras mentes- la capacidad de gobernar nuestras emociones. Al comienzo puede ser difícil como el uso del embrague para cambiar una velocidad para quien está aprendiendo a conducir, pero luego con la práctica…Rodrigo F. Chois
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar






