Alejandra Cifuentes columnista

Petro y el caos

Alejandra Cifuentes

Jamundí bajo ataque, terrorismo en el Cauca, inseguridad en las ciudades, desempleo creciente, pensiones embolatadas, salud en riesgo y amenaza de constituyente.

El (des)gobierno de Gustavo Petro se puede definir en una palabra: caos. Mientras él anda muy orondo en países europeos dando cátedra sobre paz (cómo si un ex guerrillero y político incendiario pudiera ser experto en la materia) Colombia sufre bajo sus narices, pero ya que no es opositor, ya los problemas internos no importan.

El caos es básicamente confusión, desorden. Un estado de cosas en la cual una sociedad no puede vivir, pues ésta presupone orden para que las personas interactúen entre ellas y busquen progresar de manera conjunta.

Un gobernante responsable entiende eso, y trata de crear condiciones básicas para que las personas puedan convivir en paz, desarrollando cada quien su proyecto de vida.

Pero Petro, con su complejo mesiánico, lo que intenta es construir la nación de sus sueños (una especie de petrolandia) produciendo caos para acabar la actual.

La inseguridad en las ciudades ya era grave, pero ahora se ha convertido en algo alarmante. La delincuencia común y el crimen organizado tienen azotadas grandes ciudades como Cali, haciendo imposible que vivamos tranquilos.

Es especialmente conocida la situación en el departamento del Cauca, que el terrorismo ha asolado por décadas. Pero ahora se le suma la situación de Jamundí, donde los atentados de las últimas semanas y la pasividad del presidente han dejado al país en shock.

Por otra parte, el anuncio de que Sura, una de las EPS más renombradas del país tenga que dejar su actividad por falta de condiciones, es para echarse a temblar.

Con la presentación de una reforma a la salud donde pretende poner a la mayor parte de los colombianos en manos del Estado directamente (del cual él es jefe), y estar dispuesto a intervenir EPSs en caso de que no se la aprueben, crea un clima de incertidumbre para las prestadoras de salud, en el cual no les sea favorable seguir prestando el servicio y decidan dejarlo.

Es claro que las condiciones en las que Petro quiere que el país se desenvuelva son caóticas. Inseguridad ciudadana que impide que nos movamos libremente y desarrollemos actividades económicas, siendo Jamundí el punto más visible; y un manoseo al sistema salud que crea condiciones para que no pueda prestarse.

Si a eso se le suma que se pretende que los colombianos coticen a pensión sin libertad de elegir, y generando incertidumbre sobre las pensiones de los jóvenes, el caos hace que el futuro se vea negro.

¿Qué gana Petro generando esta situación? ¿Cómo el presidente se beneficia del caos en su país? Él parece creer que llevando al caos el país podrá refundarlo según sus deseos.

Cómo lo ha dicho en sus bochornosas peleas de Twitter con el presidente de El Salvador Nayib Bukele, está convencido de que dar seguridad y perseguir criminales es fascista, y que lo que hay que hacer es tratarlos amorosamente para que dejen de delinquir.

Para Petro el malo no es el delincuente, sino la sociedad de la cual es víctima, por eso hay que cambiar la sociedad y no castigar al delincuente.

Él tiene una fe religiosa en el Estado. A pesar de las evidencias de la historia sobre el fracaso del socialismo, sigue pensando que diversos aspectos de la vida en sociedad como la salud y las pensiones deben ser administradas por el Estado.

Su odio por las EPSs y los fondos privados hacen que sea deseable para él crear un clima insostenible para que continúen su actividad. Cuando el Estado muestre su ineficiencia al administrarlas, no dudará en exprimirnos aún más con la excusa de buscar más recursos para que funcionen.

Lo más grave de todo es que en este clima de caos, él propone una constituyente. Esta es la prueba reina de que lo que busca es construir un país a su imagen destruyendo el existente.

Por supuesto, en una situación donde las autoridades normales no funcionan, Petro se asegura que solo él pueda determinar las condiciones de vida de las personas (paupérrimas por supuesto), y pretende cambiar el sistema político en un estado invivible y dependientes de su real voluntad.

Las tiranías suelen venir precedidas de caos. En tiempos de caos, donde hay desorden y la coordinación no es posible, el tirano usa la fuerza para imponer condiciones arbitrarias, y sin eliminar el caos que le dio su poder, si puede diseñar instituciones artificiales cómo se le antojen.

Petro es un tirano. Un hombre tan malvado que pueda ver cómo un municipio cómo Jamundí arde (mientras él habla de la paz de Palestina y Ucrania) porque en su ideal no se debe perseguir criminales, o que pueda ver una EPS dejando actividades porque él desea que el Estado se encargue, revela una megalomanía que le costará aún muy caro al pueblo colombiano.

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