Diario Occidente

Petro ¿y ahora qué?

Víctor Manuel García

Hace prácticamente una semana que Colombia tomó una decisión poco convencional, teniendo en cuenta su historial conservador y pro “statu quo” en términos políticos, una decisión democrática que eligió por primera vez en su historia un presidente que enmarca su discurso en ideas progresistas o como lo denominan los analistas y políticos con visiones de corte más antiguo, de filosofía de izquierda.

Es la primera vez que los progresistas o izquierdistas gobernarán a Colombia en sus más de 212 años de historia republicana, lo cual, naturalmente trae consigo muchas expectativas en gran parte de la población, pero también mucha incertidumbre e incluso miedo en otros segmentos importantes.

También es importante recalcar el hecho que el Gustavo Petro, versión 2022, es un político mucho más moderado en su discurso y planteamientos y más abierto al consenso, si lo comparamos con el candidato a la presidencia de 2018 y 2014.

Sin embargo, y a pesar de la moderación discursiva y a la llegada de múltiples actores de la política nacional tradicional a las toldas de su campaña, así como de académicos de renombre nacional e internacional, los esfuerzos de parte del equipo contendor en ambas vueltas presidenciales, fueron mayúsculos para potenciar el miedo a la elección de Gustavo Petro como Presidente de la República, aludiendo a un supuesto peligro para la estabilidad macroeconómica y democrática del país, la cual fomentaron a partir de su pasado como guerrillero del M-19 y del fantasma aún presente de la “venezolanización” de Colombia al mejor estilo de Nicolás Maduro.

Según el discurso esgrimido en campaña, en muchas ocasiones se alcanzó a insinuar que en un hipotético caso (ahora realidad) de elegir a Petro como presidente, prácticamente habría una inusitada fuga de grandes capitales y una inmediata debacle sistémica en todos los indicadores económicos y bursátiles concernientes a la economía del país.

Pues bien, y para el beneficio de todo el país, nada de estos “vaticinios” se han vuelto realidad, es más, el presidente electo y algunos de las principales figuras de su campaña como Roy Barreras, próximo presidente del Senado, Luis Fernando Velasco, Alexander López, Maria José Pizarro e incluso la vicepresidenta Francia Márquez, han estado muy abiertos a establecer un diálogo conciliador, haciendo continuos llamados para consolidar un acuerdo nacional, donde han incluido a empresarios, académicos e incluso políticos como Rodolfo Hernández y el mismo Álvaro Uribe Vélez.

Hasta ahora, si bien aún al momento de escribir esta columna, todavía hay algunos visos de incertidumbre que han golpeado tangencialmente algunas aspectos, especialmente bursátiles, no se ha presentado tal debacle vaticinada por los contradictores del presidente electo.

Es más, ni siquiera la tasa cambiaria del Dólar se ha visto afectada de manera contundente por la situación interna del país, sino por factores externos como el incremento de las tasas de interés de la Reserva Federal Estadounidense, así como la baja en los precios del petróleo derivada por los temores de las calificadoras de riesgo a una posible recesión de la economía de Estados Unidos, lo cual afectaría directamente el consumo del hidrocarburo.

Otro mensaje positivo fue la rápida comunicación con el Presidente Joe Biden y con su Secretario de Estado, Antony Blinken, despejando las dudas de muchos sectores sobre un posible recelo del país del norte hacia la elección de Petro en Colombia, un factor que no es menor teniendo en cuenta las históricas buenas relaciones de nuestro país con la principal potencia mundial y nuestro principal socio comercial y aliado militar.

Como vemos, parece que la pasada elección presidencial nos ha dejado varias enseñanzas, entre ellas que el miedo sin duda no es la mejor apuesta para cautivar electores, porque tarde o temprano quien apela a este perderá su legitimidad, y adicionalmente, expone de manera irracional al país a incertidumbres que pueden actuar como un “boomerang”, porque al final todos estamos en el mismo territorio y afrontaremos las consecuencias que se deriven de esta estrategia.

Lo que si es cierto es que el periodo 2022-2026, estará enmarcado en un gobierno de los denominados en la Ciencia Política como de “única oportunidad”, por lo cual, Gustavo Petro y su equipo de trabajo tendrán la enorme responsabilidad de cumplir con la mayoría de las expectativas y mostrar verdaderos resultados de fondo, porque de lo contrario será muy difícil que fuerzas alternativas logren llegar nuevamente a la Casa de Nariño, por lo tanto, sus electores y los colombianos en general en este momento nos estamos preguntando: Petro ¿y ahora qué?

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