Nos dice el filósofo australiano Roman Krznaric, “el pensamiento catedral es una capacidad concebir y planificar proyectos con un horizonte de tiempo muy amplio, tal vez décadas o siglos por delante y por supuesto se basa en la idea de las catedrales medievales.
En Europa, la gente comenzaba a construirlas y sabían que no las verían terminadas en el transcurso de sus vidas” un pensamiento así, es importante analizarlo y contrastarlo con las formas de planificar las ciudades y los territorios en nuestro país; difícilmente encontramos un plan de gran envergadura
o una obra colosal que en su prospectiva de funcionamiento óptimo logre sobrepasar tan siquiera medio siglo de uso.
En materia de movilidad en Cali, la calle 5 inaugurada en 1966 y la autopista sur oriental en 1968 se quedaron en miniatura y casi inservibles, porque ya la congestión nos arropó, porque al llegar el MIO intentamos ser modernos, sin proyectarnos. Aun así, siguen los temores para definir el tren de cercanías o un metro ligero para la ciudad.
En materia cultural, el desafío es proteger un festival como el Petronio Álvarez que sacó de la selva tradiciones musicales del pacífico colombiano y las enaltece cada año. Pero, aún sin sitio definitivo para su desarrollo. En este sentido, el Parque del Pacífico del gobierno Ospina es una gran posibilidad de conservar un legado para las generaciones venideras.
Otro gran reto de trascendencia o “pensamiento catedral” es apostarle a conservar las fuentes hídricas, en una ciudad con siete (7) ríos y rodeada por los Farallones, un tesoro, un derecho, una reserva sagrada de vida y un bien intocable de bienestar para la humanidad.
Es hora que dejemos la mirada estrecha y pensemos en grande, de forma inteligente. Cali, pide energías limpias, ciudadanías educadas y cuidado de la cultura como mayor riqueza de un pensamiento catedral inagotable para la ciudad- región.
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