Hugo E. Gamboa Cabrera

¡Patas arriba!

Hugo E. Gamboa Cabrera

A miles de colombianos no se nos olvida o, no se nos puede olvidar como Gustavo Petro logró elegirse como alcalde de Bogotá a punta de discursos populistas.

Esa alcaldía fue famosa, pues don Gustavo hizo lo que siempre quiso o, lo que más le gusta, experimentar con un gobierno netamente izquierdista, criticando a sus predecesores por supuesta “mala gestión” pero, lo que él aplicó, fue peor.

Bogotá, la capital del país, la puerta de entrada de todo lo que llega del interior y del exterior, la verdadera capital metropolitana, a la que llegan muchos colombianos a buscar nuevas oportunidades y extranjeros para realizar negocios, sufrió lo indecible en ese amargo período.

El nuevo alcalde la puso patas arriba, la desordenó, la empobreció pero, en Colombia todo se olvida. Sufrimos de amnesia o somos idiotas útiles y comemos cuento fácilmente.

Años después, aprovechando una reforma tributaria del gobierno anterior, más suave que la nueva y, una pandemia pavorosa que afectó terriblemente la economía del mundo, se tomó el país de manera violenta utilizando, igualmente, el discurso populista.

Eso no es invento de nadie. Los colombianos lo vivimos porque teníamos un gobierno frágil que manejó bien la pandemia y la economía pero dejó permear la institucionalidad nacional, por temor a los derechos humanos de la ONU, cuando esos mismos derechos nos estaban siendo violados a todos en el país.

Pues gracias a eso, don Gustavo aprovechó tan difíciles circunstancias y logró convencer a once millones de colombianos (una mayoría de liberales y conservadores “convencidos”), y logró su elección presidencial.

Bonita oportunidad para poner, como Bogotá, a Colombia patas arriba y, lo está logrando gracias a unos congresistas de ambos partidos, a los que les gusta más la mermelada que el país pero, también utilizando subterfugios verbales para atacar y culpar de todo lo malo a los gobiernos anteriores.

Valga la pena recordar unas palabras de una de las líderes más vistosas del mundo—Ángela Merkel–, una alemana que vivió en la alemana oriental, la comunista y, quién aprovechó la caída del comunismo gracias a Gorbachov, para trasladarse a la Alemania occidental, la democrática y poderosa, donde se convirtió en su primera ministra: “Los presidentes no heredan problemas. Se supone que los conocen de antemano, por eso se hacen elegir para gobernar con el propósito de corregir dichos problemas. Culpar a los predecesores es una salida fácil y mediocre.”

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