Paros y reparos

Rodrigo Fernández Chois

Publiqué en el muro de mi Facebook una imagen de Fenalco en la que se exponían las pérdidas que genera el paro. Como es obvio, no faltaron los comentarios en pro y en contra, pero hubo uno en especial que llamó mi atención. La tesis era algo así como: “las pérdidas que produce el paro no son nada comparadas con la corrupción”. El argumento es incontrovertible, sin embargo, es una imprudente interpretación de lo que en ética se llama “doctrina del mal menor”. La teoría del mal menor justifica asumir un mal si se puede evitar uno peor.

Un ejemplo lo encontramos en la Odisea de Homero, cuando Ulises prefiere acercarse al monstruo Escila que a Caribdis. Con su decisión pierde seis hombres, pero evita la muerte de toda su tripulación. Claramente en el caso de un paro no se aplica esta noción.

La corrupción es el peor de los males y sus ejecutores no solo merecen la pena de muerte antecedida por torturas imaginables sino también el suplicio del Octavo Infierno de Dante. Pero hilando delgado, los dineros que se pierden con la corrupción ya fueron creados previamente gracias a la dinámica económica y depositados -vía nuestros impuestos- en las arcas que componen el erario.

Un paro, por el contrario, afecta directamente la fuente originaria donde nace la dinámica económica y destruye el crisol donde “se crean” las transacciones; la magia que permite que un solo billete -cambiando de mano en mano- conciba múltiples negocios, felicidad y tranquilidad incluso, si regresa a su punto de partida. Es por esta razón que el daño que produce un paro es proporcionalmente mayor. 7

Comments

Comparte esta noticia...
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin
Cargando Artículo siguiente ...

Fin de los artículos

No hay más artículos para cargar