Papa bueno

Coherente con la anterior columna en la que califiqué a Benedicto XVI como Papa honesto (honeste vivere), debo resaltar al nuevo papa, Francisco, como Papa bueno (bonhomía). Descendiente de inmigrantes italianos, Jorge Mario (nombres argentinos) ha efectuado una brillante carrera sacerdotal, como jesuita, dentro de las enseñanzas de la Iglesia de Jesús (el Cristo), tomando el madero a cuestas y caminando por las calles, los barrios, las parroquias, a visitar a quienes requieren el mensaje y el consuelo evangelizador: ¡Los pobres! ¡Los necesitados! ¡Los abandonados de la sociedad! Siguiendo a Francisco, el de Asís, italiano, fundador de la orden de los franciscanos y de la orden femenina de las clarisas, toma el voto en común: ¡La pobreza! ¡La austeridad! ¡La humildad! Ha sido en Argentina legítimo contradictor de la politiquería de los Kirchner que han sumido al país en una homogénea “marginalidad, desigualdad y crispación social escandalosa”. En las dictaduras fungió como protector de los perseguidos, sin mirar ideologías. Es un intelectual. Doctorado. Socio del San Lorenzo. Asiduo lector de Borges, Marechal y Dostoievski. Grande la van a tener los “políticos” de Vaticano.

Comments

Cargando Artículo siguiente ...

Fin de los artículos

No hay más artículos para cargar