Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Palabrería babélica

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Escuché paradójicas voces de gratitud con el Covid-19 dizque por permitir el respiro del planeta y propiciar un renacimiento de la generosidad humana. Otras, que celebraban porque “sin revoluciones el coronavirus derrumbaría al capitalismo salvaje”. Hubo predicadores que advirtieron el cumplimiento de las señales apocalípticas. No faltaron los descubridores de cambios geológicos y de nuevos ciclos de conciencia universal.

Prefiero que señalen apareció la segunda torre de Babel, debido a las “salidas acertadas a la crisis”, que amañados exponen los mandatarios. También proliferaron algunos chamanes modernos, cada uno ofreciendo la fórmula química, la mágica o los menjurjes contra la pandemia. No faltaron los escépticos que promovieron una desobediencia civil irresponsable en el uso del tapabocas, argumentando que no se dejarían controlar por los gobiernos. Sin embargo, la palabrería babélica jamás podrá tapar la precariedad en salud y el abandono de la educación. La Ley 100 de 1993, privatizó la salud en beneficio de un negocio lucrativo a costa del servicio público que le compete al Estado.

La postración de la educación salió a la luz pública ahora con motivo de las encuestas y debates para decidir el regreso presencial o la virtualidad. La baja calidad no dependía de los maestros, quienes laboran adaptándose a circunstancias difíciles e inesperadas, sino del Gobierno responsable de tener escuelas con sanitarios dañados y salones hacinados desconectados del internet. Muchos confían que las cosas hayan cambiado y mejorado cuando entremos a la post-pandemia. Nada de ilusiones vanas, pero tampoco mala leche, urge la vacuna. Evitemos ser objeto de lástima. Sordos sí, jamás ciegos entre tanta palabrería babélica.

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