A propósito del Festival Petronio Álvarez reconozcamos que el Pacífico, antes y después de la salsa, sigue aportando a la cultura musical colombiana. Primero, en los años sesenta, lo hizo el bonaverense Luis Enrique Urbano Tenorio “Peregoyo” al presentar la primera versión orquestada de la música folclórica del Litoral. Le siguieron Jairo Varela y Alexis Lozano, quienes en los años ochenta sí confirman que nuestra ciudad es la Capital de la Salsa.
A sus orquestas les adjudicamos el gentilicio de caleñas porque tuvimos la suerte de que sus fundadores salieran de su Chocó natal para radicarse aquí a dar vida e identidad a sus proyectos. Una cosa es que en Cali desde la década de los sesenta se hubiese bailado salsa en los grilles guiados por los sonidos grabados en los acetatos o motivados en las casetas por las orquestas internacionales en vivo, que nos visitaban en las ferias de la caña de azúcar.
Distinto, cuando ya se trata de un producto caleño. Claro que no podemos desconocer la importancia regional que tuvieron como precursoras La Gran Banda Caleña, Piper Pimienta Diaz y otros iniciadores grupos.
Pero realmente El Grupo Niche y Guayacán fueron las dos primeras grandes orquestas exportadoras de salsa caleña a gran escala. El Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez acrecentaría cada vez más el milagro artístico, lo demuestran aquellos grupos bautizados en su escenario: Grupo Bahía, Saboreo, Herencia de Timbiquí, Choquibtown. En una fusión musical, en el Jorge Isaacs, animaron a Germán Patiño, para su sueño del Festival Petronio: Hugo Candelario, Walter Perlaza y Fátima Lozano. ¡Arriba Pacífico milagroso!
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