¿Open mind?

Rodrigo Fernández Chois

Por Siempre me he considerado un hombre de mente abierta y no necesariamente por el hecho de que trato de darle solución a las dudas metódicas y existenciales que a veces me atormentan. Me refiero al término anglosajón Open Mind, una especial particularidad -virtud si se quiere- que me ha permitido poder entender y tolerar diferentes pensamientos y formas de ver al mundo sin entrar en el terreno de los juicios de valor, los juzgamientos, las sentencias o incluso las valoraciones.

El espectro es bastante amplio y va desde la política, la religión, la sexualidad y abarca inclusive posturas sobre temas controversiales como lo son la igualdad, la eutanasia, el aborto, el consumo de drogas, el derecho a la intimidad e incluso hasta la cesura. Sin embargo, el respeto por las ideas, actos y comportamientos contrarios se basa en que exista un mínimo y elemental respeto de la voluntad de quienes no piensan, desean y obren igual. Y para ello creo muy necesaria la existencia de “normas especiales” que eviten que la sociedad experimente entropía, aquel principio termo-dinámico que presagia que todo sistema tiende al desorden y al caos.

Los fallos de la Corte Constitucional en los que el patrono no puede despedir a un empleado que se presente a laborar drogado o borracho; las directivas de un plantel no puedan expulsar a los alumnos que tengan relaciones sexuales en las aulas y el más reciente que permite el uso de sustancias sicoactivas y alcohol en espacios públicos no son propiamente el tipo de “normas especiales” al cual hago alusión.

Sí, soy open mind, pero no tanto como nuestra Corte Constitucional.

Comments

Cargando Artículo siguiente ...

Fin de los artículos

No hay más artículos para cargar