Open mind – II

Rodrigo Fernández Chois

Como lo expresé en mi pasada columna, soy y me considero “open mind”, porque creo muy necesario reconocer la existencia de una gran diversidad y pluralidad en las maneras en que entendemos, gozamos y vivimos el mundo. Sin embargo, eventos y sucesos ocurridos alrededor del Día Internacional del Orgullo LGBT, hacen que nuevamente llegue a la conclusión de que todo, al final, debe converger en las palabras respeto y tolerancia.

Todos nosotros, sin excepción, pertenecemos a un gran colectivo. Y si bien, este colectivo puede definirse como la suma de múltiples minorías, es al final uno y solo un gran colectivo que comparte muchos espacios en común. Espacios públicos que por pertenecer justamente a ese gran colectivo no es igualitario ni mucho menos prudente permitir que minorías, tribus o grupos del tinte que sea, los hagan suyos. 

Celebro que muchas minorías ya no tengan que vivir encerradas en un closet. Pero de allí a complacerme con las imágenes grotescas -incluso se ve en ellas presencia de niños- y con las burlas a símbolos cristianos que circularon por las redes sociales hay bastante trecho.

Este tipo de actitudes, incluyendo también la del intolerante paisa que después de bajar una bandera de la comunidad LGBT procedió a destruirla, son actos claramente provocadores tanto de un lado como del otro. No creo que exista la necesidad de provocar para fijar una posición frente al tema que sea. Si queremos seguir evolucionando como la especie más inteligente del planeta, la especie que aprendió a volar como las aves y a nadar como los peces, tendremos que aprender el sencillo arte de vivir como hermanos.      

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