Las masacres de jóvenes y adolescentes ocurridas en las últimas semanas, en el Valle, Cauca, Nariño y Antioquia, son hechos que no solo llenaron de dolor a decenas de familias, sino que nos debe causar vergüenza a todos, porque si están matando a quienes representan el futuro y la esperanza de una nación, algo estamos haciendo muy mal como sociedad.
Hace tiempo que se tiene el diagnóstico de la violencia estructural en el país: El flagelo del narcotráfico y la corrupción, la actuación de organizaciones armadas ilegales, la delincuencia, el abandono estatal en las zonas vulnerables de las ciudades y el campo, las desigualdades sociales, la falta de oportunidades, la ausencia de infraestructura, como acueductos, escuelas, hospitales y vías, así como de proyectos productivos, que dinamicen las economías de los más necesitados.
Y en medio de este panorama macro están los jóvenes, quienes con la Pandemia están entre los más afectados en temas como la educación, especialmente en las universidades y disminución de oportunidades laborales.
Según el Dane, entre abril – junio de 2020, en Colombia la tasa de desempleo de los jóvenes entre 14 y 28 años fue 29,5%, es decir 12,3% más que el año pasado. Y en Cali, un estudio de la Alcaldía reveló que en el segundo trimestre de este año el desempleo juvenil fue de 36,5%, es decir 125 mil muchachos, en busca de empleo, esto quiere decir un aumento del 16,1% más que en el mismo periodo de 2019.
En mi opinión los jóvenes deben estar en el centro de la toma de decisiones de los gobiernos, porque son el presente y el futuro de una nación. Por eso es necesario impulsar iniciativas que los impacte positivamente. En nuestra región se han dado avances en ese sentido, por ejemplo, en mi paso por la Gobernación se logró pasar de tener 8 plataformas de Juventud a contar con 42 en todo el departamento, abriendo así espacios para dialogar con ellos.
Antes de pensar en castigar, es importante encaminar acciones para prevenir el delito. Por eso en el Valle del Cauca se implementó una Red de Jóvenes libres de Violencias en articulación con la ONU, a través de la cual se llevó a cabo un diplomado de participación y liderazgo con el que se fortalecieron 50 iniciativas juveniles para la transformación social.
También se realizó un ejercicio de liderazgo dirigido a mujeres jóvenes con la universidad Icesi, las cuales pudieron tener acceso a becas para diplomarse en empoderamiento político con esta universidad.
Pero resulta fundamental seguir avanzando y que exista desde el gobierno y la sociedad un real compromiso para generar los cambios necesarios para la protección de los derechos de niños y jóvenes. No puede ser que muchos de ellos sigan viendo sus sueños y aspiraciones truncados, como ocurrió con estos muchachos a los que la violencia les arrebató la posibilidad de hacerlos realidad. Matar a un joven es matar la esperanza.
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar







