Carmiña Navia Velasco

Nombrar o no nombrar

Carmiña Navia Velasco

Lo que no se nombra no existe, eso lo hemos aprendido las mujeres a lo largo de la historia, en la que no se ha reconocido ni nuestra existencia ni nuestros aportes al mundo.

Por estos días se discute en el país si Bienestar Familiar va a eliminar de su lenguaje a las “niñas”, para incluirlas en expresiones como la infancia o la niñez.

No me voy a detener ahora en los problemas jurídicos del hecho, porque considero que el debate y la realidad van mucho más allá.

Yo sí quiero reflexionar y “pelear” alrededor de una palabra.

Fundamentalmente me quiero detener en: ¿Por qué tienen miedo a… o les inspira rechazo un término tan inocente como el de “niñas”? Si hay alguna realidad que no puede producir temores o rechazos es la de las niñas… ¿Qué hay detrás de todo ello? ¿Qué es eso que llaman la ideología de género que según la Ministra de Educación y la Directora del ICBF hay que erradicar de los colegios y de la sociedad y por supuesto de las iglesias?

No existe la tal ideología de género y por tanto no existen los fantasmas que habitan a sus alrededores y en sus pasillos.

En las Ciencias Sociales hay un concepto: el género, que permite comprender mejor cómo han funcionado y funcionan las relaciones entre los hombres y las mujeres en el presente y a lo largo de la historia.

¿Los grupos que tienen horror a que las palabras se nombren en femenino, lo que temen es que ese funcionamiento cambie?

Pongo un ejemplo de mi propia experiencia: Mi praxis y mi saber principal son la literatura en sus distintas expresiones… Fui formada en un canon literario exclusivamente de varones en el que alguna vez como excepción entraba una mujer.

Cuando empecé mi trabajo de buscar y dar a conocer escritoras mujeres, el concepto (insisto en que es un concepto, no una ideología) de GÉNERO me fue muy útil para comprender por qué una novela como Dolores de Soledad Acosta, publicada en el mismo año que María de Jorge Isaacs y que aportaba tanto al momento literario de Colombia, fue borrada del mapa literario colombiano y “Bolsilibros Bedout” jamás la recogió.

Cuando algunas críticas o editoriales recuperamos esta novela, no se causa ningún daño, no se hace en demérito de María o Manuela… Entonces: ¿Dónde se arraiga el temor, el miedo, el rechazo?

Visibilizar a las niñas y no seguirlas diluyendo detrás de los niños lo único que puede hacer es enriquecer y hacer más lindo el paisaje nacional.

No es una cuestión de retórica como creo que dijo la misma directora del ICBF, es una mejor y más fiel comprensión y descripción de la realidad.

Y eso es precisamente lo que ha aportado a las ciencias el concepto de género: una comprensión más cabal de los fenómenos que caracterizan las relaciones entre los sexos.

Ya sé que algunas estudiosas están cuestionando el concepto porque establece límites en la comprensión misma… pero es indiscutible que hasta el momento ha aportado muchas claridades a la Historia, la Sociología y otras disciplinas.

Mi llamado es a qué se interroguen: en dónde nacen sus temores… qué es lo que algunos grupos creen que se va a “dañar” o a “acabar” si las personas y los grupos sociales que han estado ocultados se hacen visibles… ¿Qué privilegios se van a perder?

Por supuesto que es imprescindible que se siga nombrando a las niñas, pero no sólo a ellas… a toda la gama de la diversidad sexual y social que habita nuestras sociedades. Nombrar es importante.

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