No más vándalos

Luis Felipe Barrera

Derribar estatuas, incendiar los CAI, devastar las calles y destruir el patrimonio común, son actos de barbarie que en nada contribuyen al fortalecimiento de la democracia colombiana. Los radicales y extremistas están envalentonados. Quieren poner en jaque la institucionalidad con su discurso antisistema y actos de odio. Todo lo quieren reducir a cenizas para reescribir una nueva historia. Abrazan la utopía para terminar desatando el caos, el desorden y la anarquía. Detrás de las proclamas nobles y las manipulaciones en redes sociales, despliegan una estratagema infame para machacar los valores, principios y pilares que sustentan nuestro sistema democrático.

El derecho a la protesta es sagrado. Debe ser protegido activamente por las autoridades. Pero una cosa es la sana indignación ciudadana y otra un esfuerzo planeado, sistemático y coordinado para atacar la infraestructura de seguridad de nuestras ciudades, atentar contra servidores públicos y saquear establecimientos comerciales. No podemos aceptar interpretaciones que justifiquen y legitimen los disturbios, el vandalismo y el terror. Así como condenamos enfáticamente cualquier falta al honor de algunos uniformados, debemos rechazar con contundencia toda expresión de fanatismo y furia que pretenda desestabilizar nuestras ciudades. Ninguna forma de violencia es válida para tramitar las diferencias en democracia.

El camino para superar esta crisis no es limitando a la fuerza pública, estigmatizándola y arrinconándola. No es el momento para reformas abruptas e irreflexivas. Con la división y politización existentes, es más difícil armar consensos. Ya suenan ligerezas como retirarles a los uniformados el taser, el bastón tipo tonfa y la pistola de dotación, hasta recomendarles que corran y abandonen el servicio cada vez que los encapuchados ataquen un CAI. Lo más responsable con el país es acelerar el proceso de transformación y modernización que ya se viene implementando. La Policía Nacional no está petrificada, sino que se adapta y evoluciona ante los desafíos del entorno.

Necesitamos un debate serio, ponderado y técnico del que salga fortalecida la entidad. Es crucial que se avance en el aumento del pie de fuerza, la implementación de los cuadrantes dinámicos y de vecindario, formación en derechos humanos, más inteligencia e investigación criminal, profesionalizar el servicio de vigilancia, mejorar los procesos de selección, implementar nuevas tecnologías y aumentar la confianza ciudadana, como señala el Proceso de Modernización y Transformación Institucional (MTI) y la Política Marco de Convivencia y Seguridad Ciudadana. Que el ímpetu de iconoclastas, vándalos y violentos no termine por imponer cambios estructurales que descarrilen las instituciones y debiliten el ejercicio de la autoridad en nuestro país.

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