No hay causa perdida

Tenía detenida esta columna hasta tanto no se diera el encuentro de Oslo. Quería ver que lo del miércoles pasado iba a ser una apología a la lucha armada y la reiteración que la combinación de todas la formas de lucha seguirá siendo la columna vertebral de la toma del poder. Dick Morris, autor del Nuevo príncipe, sostiene en su libro Juegos de poder, que Winston Churchill tuvo que esperar 30 años para que el mundo le diera la razón, bajo la tesis de que la colaboración con Alemania conduciría a su rearme, diciéndole claramente a Chamberlain, primer ministro de entonces, que su actitud llevaría a otra gran guerra.

El símil entre las dos situaciones históricas coloca al ex presidente Álvaro Uribe en una postura que sin haber variado le dice claramente al país que vamos por el camino equivocado. Su libro No hay causa perdida, es una prueba de que estamos ante el principio del fin de condenar a Colombia a varios años de hegemonía del proyecto bolivariano de Chávez. Se trata de un texto minucioso, que inicia con el secuestro y asesinato de Guillermo Gaviria Correa, pasando por el registro de la forma como se elaboró exitosamente la política de seguridad democrática, para rematar en el operativo que dio de baja a \”Raúl Reyes\”. Toda la estabilidad y las proyecciones para la inversión y la seguridad, parten del presupuesto de que la inversión en seguridad es inversión social.

Después de lo acontecido en Oslo, el libro de Uribe se convierte en el testimonio de cómo al terrorismo y al narcotráfico no se les puede convertir en guerrilleros heroicos, en a quienes la sociedad debe pedirles perdón, pues no reconocen ni ofrecen perdón por haber desplazado y secuestrado y por ser el más grande cartel del narcotráfico. Leer No hay causa perdida, es una tarea para distanciarnos del delirio reeleccionista del presidente Santos.

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