Al senador Efraín Cepeda, quien propone eliminar al Istmo de Panamá de la tercera franja del escudo nacional, para que sea relevado por el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, le sobra protagonismo legislativo, pero le falta curiosidad cívica y percepción cartográfica.
El proponente argumenta que desde 1903 Panamá ya no merece figurar en el símbolo patrio y que al eliminarlo llenaríamos el vacío con un homenaje a nuestros isleños. El senador Cepeda olvida que la tercera franja, más que mostrar uno de sus otrora departamentos, lo que quiere es destacar la soberanía de Colombia al poseer costas sobre los dos grandes mares: el Atlántico y el Pacífico.
No cabe la analogía que hace en relación a que es como si Venezuela incluyera en su escudo a La Guajira.
En caso de acogerse su propuesta de canje, le preguntaría al senador Cepeda: ¿que pasará con la soberanía de Colombia sobre el mar Pacífico y cómo reaccionarían Chocó, Valle, Cauca y Nariño, departamentos con costas en este océano?
Esas propuestas de manoseo a los símbolos patrios, que son irreverentes con el alma de Colombia y evidencian ignorancia cívica e impericia cartográfica, me recuerdan el cuento de Rafael Pombo, cuando narra que \”al ver un montículo de tierra que estorbaba el camino, el buen Simoncito propone que abran un hueco y la echen allí\”. Los himnos, las banderas y los escudos, representan la identidad de cada país porque aparecen en el momento mismo en que nace una nación.
Sólo cambian por un giro radical de su historia, por ejemplo, cuando se deja de ser colonia de un imperio o se releva totalmente un sistema político. No al manoseo de los símbolos patrios.
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