Los monumentos citadinos, además de atender el querer popular, tienen que ser emblemáticos sobre: próceres de la historia, pioneros de la república, hombres de ciencia, distinguidos educadores, líderes sociales, destacados artistas y escritores significativos. Sin embargo, en la mayoría de los parques hallamos bustos de políticos sin importar que en vida tuvieran ética y un brillante pasado legislativo.
Pareciera que otrora no surgió ningún digno representante de la cultura, de la ciencia y que la ciudad haya carecido de líderes. Si reclamamos estatuas para caleños representativos, alguien responderá que ya les homenajearon denominándose algunos establecimientos.
Pasé vergüenza cuando un argentino que adquirió “Que viva la música”, me pidió que lo guiara para fotografiarse junto al busto de Andrés Caicedo. Otro día observé un turista que atraído por la fama caleña de Capital Mundial de la Salsa, con similar propósito repasaba varias veces la Plazoleta Jairo Varela buscando la estatua del creador del Grupo Niche. Un sacerdote extranjero a quién le hablé sobre el liderazgo social del padre Alfonso Hurtado Galvis, al finalizar nuestra tertulia me rogó que le enseñará la estatua.
Otra noche que invité al Teatro Municipal a una estudiante, que por intercambio institucional asistía a clases en la Universidad del Valle, no le pude colaborar a cumplir su deseo de posar junto a la estatua de Enrique Buenaventura. Pregunto: ¿vuestras fotos tomadas en el Peñón no quedaron incompletas al faltar la estatua de Tejadita junto a sus Gatos? En los casos narrados tuve la mala suerte de no hallar un “mimo estatua” que me ayudara a salir de mis embrollos.
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