La medición con doble rasero desvirtúa la expresión original “con el mismo rasero”, la cual se refiere a valorar ideas o acciones con rigurosa igualdad. Invariablemente quien hace uso del recurso del doble rasero pretende enmascarar acciones perjudiciales para la sociedad.
De ahí nacen toda suerte de explicaciones y justificaciones subjetivas en el accionar público, como los cabecillas insurgentes en La Habana, quienes mienten sistemáticamente sobre sus futuras intenciones como la dejación de armas o sobre sus pasadas acciones criminales, las cuales son justificadas por la rebelión de clases. Para las Farc todas sus acciones son legítimas, aun las que violan el Derecho Internacional Humanitario, pero se escandalizan ante la menor declaración de repudio a sus conductas.
Muy inicuos para justificar la violencia propia y muy parcializados para criticar las expresiones en su contra; clara manifestación del doble rasero. Pero al igual que ellos se sitúan figuras del mundo político nacional quienes pretenden argumentar como persecución política las acciones confusas de algunos de sus colegas.
Cómo si violentar las normas no fuese una ilegalidad. Así mismo, cuando se habla de reformas económicas desde las impositivas a pensionales el doble rasero se aplica con vigor. Para los ciudadanos con mayores privilegios todas las deducciones y subsidios, para los menos favorecidos ampliaciones de las bases tributarias e incremento de cargas impositivas dizque para distribuir con mayor ecuanimidad las obligaciones, olvidando que somos el país con la mayor inequidad en el continente después de Haití.
Y a pesar de esta inobjetable realidad, seguimos cuestionando desde púlpitos, editoriales y en conversaciones sociales porqué cada día somos más indolentes y corruptos.
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