Mi amigo fiel

Rodrigo Fernández Chois

Sofasa celebra 50 años en Colombia. No puedo dar fe de la calidad de sus vehículos desde su inicio, pero sí desde mis 17, cuando tuve mi primer carro. Fue un Renault 4 azul que me hizo destilar adrenalina.

Mi regalo de grado para comenzar universidad en Bogotá, pero antes de irme tuve un aparatoso accidente. Fui el responsable de que se tomara la decisión de instalar, después del choque, el semáforo que funciona en la Avenida Cañasgordas con 122.

Mi R4 terminó de taller, pero tras su reconstrucción pude hacer muchas travesías intermunicipales desde y hacia la meseta cundiboyacense. Ya en la fría capital, su diseño de ventanas corredizas y falta de aire acondicionado que lo hacían un horno en Cali, fueron bendición para este calentano.

Y de tanto transitar llegó la hora de reparar motor y terminé en un taller “de garaje” en el barrio La Soledad. El mecánico, un viejo suizo panzón que había adecuado carros para la copa Renault, me preguntó. “¿Quieres que lo acondicione para correr?” “Hacele”, contesté emocionado. Abordé mi R4 engallado con injertos de R6, R12 y R18. Nunca en mi vida he podido llegar en otro automóvil a la velocidad que irresponsablemente alcancé con “mi amigo fiel” en la recta Girardot e Ibagué… La aguja del velocímetro se pegaba en el tope del tablero sin poder avanzar más de 140 km/h mientras su carrocería retumbaba como si fuese a explotar. “La Mancha Azul” lo bautizaron mis amigos. Sí, fue mi “Amigo Fiel” durante mucho. Un amigo fiel que muchos colombianos también tuvieron el gustazo de tener. Sea esta nota un merecido homenaje.

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