“El futuro estará en lo digital” cantaban en coro algunos iluminados hace no muchos años. Yo, un adorador fetichista de los libros impresos en papel, escuchaba con reserva tales vaticinios. Pero como lo sentenció Heráclito con su “Todo cambia, nada es”, en el presente ya leo todo a través de mi pantalla negra; el eufemístico “black mirror” que ostentan los móviles convertidos hoy en extensiones anatómicas inestimables.
Feliz me encontraba con mi particular evolución tecnológica: adaptándome a los recientes modos, gozándome la nueva forma de interacción social y realizando transacciones virtuales cuando de repente irrumpe en el escenario el Metaverso: Una fascinante apuesta de que todo lo que hacemos hoy en dos dimensiones y a través de las pantallitas negras mencionadas arriba transmutará de manera alucinante a nuestras amenas tres dimensiones.
Para nadie es secreto que la tecnología avanza mucho más rápido de lo que cambian las generaciones de la especie humana. Esto me hace deducir que el reto para las generaciones que convivimos en el presente será el de poder adaptarnos de manera rápida, eficaz y eficiente a la revolucionaria tecnología. No hacerlo significará no ser aptos para vivir en el nuevo meta universo que nos regirá.
Mi conclusión final: La respetable posición de muchos padres de impedir que sus hijos desde temprana edad ingresen en el mundo las redes, podría crear en ellos una desventaja competitiva con respecto a los chicos que desde temprana edad sí lo han hecho. Si hace unos años el futuro estaba en lo digital, no es descabellado pensar que el futuro del presente estará en el Metaverso… ¡Y hay que estar todos preparados!
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