Mascarillas para todos

Rosa María Agudelo Ayerbe

Me resultan contradictorias las instrucciones de las autoridades de salud sobre el uso de los tapabocas para frenar el coronavirus. La OMS afirma que deben usarlo los prestadores de salud, los enfermos o quienes cuiden de ellos.

Primera contradicción es que si el 80% de las personas que tienen el virus son asintomáticas pero pueden transmitirlo, todos deberíamos usarla, porque debemos asumir que portamos el virus. En China no usar la mascarilla es un delito y en la mayoría de los países asiáticos, exitosos en la contención del virus, es obligatorio. Las autoridades occidentales sustentan la recomendación de no usarlo con varios argumentos.

El primero es que el uso indebido aumenta el riesgo de contagio, el segundo que la mascarilla da una falsa sensación de seguridad descuidando así las otras medidas y sobre todo porque hay escasez del producto y, por lo tanto, hay que destinarlo a los que están más expuestos, sobretodo al personal médico. Sin duda, este último argumento es poderoso.

Sin embargo, buscando información sobre el tema encontré la campaña #masks4All que se adelanta en la Republica Checa mediante la cual se promueve la fabricación casera de máscaras y su uso como complemento de las demás medidas. La explicación que dan los médicos de ese país es que al usar todos las mascarillas, la dispersión de las gotas es menor.

También encontré infinidad de máscaras caseras realizadas con acetatos e incluso botellas plásticas que sirven como barreras protectoras de ojos, nariz y boca. Algunos videos realizados incluso por personal de salud de España. No acapararé mascarillas que pueda necesitar un médico pero me haré una barrera de acetato. Ninguna medida es poca para evitar contagiarnos y contagiar.

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