Los nuevos leprosos

Gustavo Álvarez Gardeazábal

La lepra a lo largo de la historia de la humanidad fue una enfermedad que originó repulsión universal. Quien quedaba infectado automáticamente era aislado.Y como no se sabía ni cómo se propagaba ni cómo se curaba, la estigmatización era agresiva y llevó a la construcción de lazaretos, pueblos enteros dedicados exclusivamente a albergar a los leprosos, como Agua de Dios y Contratación en Colombia. La lepra es una enfermedad infecciosa crónica que afecta al sistema nervioso periférico,la piel,la mucosa respiratoria y los ojos. Se caracteriza por la aparición de úlceras cutáneas.La transmisión se produce principalmente cuando una persona con lepra estornuda y los que están a su alrededor aspiran esas gotas en el aire contaminado, y cuando existe un contacto estrecho y habitual con enfermos no tratados. Muchas de las personas que entran en contacto con una persona enferma no acaban infectadas porque su sistema inmune aplaca la bacteria.Es curable desde la década del 50 del siglo pasado con un riguroso cóctel de fármacos.

Por estos días del coronavirus el manejo de los infectados pero en especial de las personas mayores de 70 años es tanto o más injusto que el dado a los leprosos hasta 1962 en nuestro país.Después del decreto presidencial que nos mandó a prisión domiciliaria a todos los viejitos se generó un rechazo a la presencia de un anciano en cualquier evento,desde clínicas hasta centro comerciales, desde buses hasta almacenes de grandes superficies. Y aunque el decreto de marras dejó de tener vigencia más por haberse derogado la cuarentena que por el fallo judicial contra el director del magazín de tv de las 6 de la tarde,a los viejitos se nos sigue teniendo como los leprosos.

Lo viví esta semana con el caso de una pareja de amigos setentones. El recayó en su enfermedad cardíaca y ella, como lo hizo cuando le hicieron la cirugía hace 5 años, acudió a acompañarlo a la clínica donde le diagnosticaron.Fueron perentorios con ella.Tiene más de 70 años. Se le prohibió que estuviera a su lado y la mandaron para su casa. No hay consideraciones sentimentales. No hay valoración sicológica de lo importante que es el afecto del ser querido en esos momentos.Es como hicieron a lo largo de la historia de la humanidad con todo aquel que entrara a un lazareto. Los viejitos somos entonces los nuevos leprosos. Como no hay vacuna ni hay medicamentos contra la peste pero tampoco hay lazaretos como antaño, se les separa con la rudeza que parece ser ahora una característica para poder ejercer la medicina: convertirse en enemigo de todo sentimiento.

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