Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Los librovejeros

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

El Día del idioma, no sólo celebremos la efeméride de Miguel de Cervantes Saavedra y “El Quijote de La Mancha”.

Honremos a los bibliotecarios y a los libreros. Así como los maestro transfieren saberes, ellos lo hacen con los libros.

De mi época de estudiante en la Normal Departamental de Varones, recuerdo a Antonio Villavicencio y Nidia Gómez, bibliotecarios que se asemejaban a amables maestros sin tablero, tutores inmersos entre anaqueles.

Nos entregaban libros solicitados y recomendaban autores y títulos, fueron nuestros facilitadores en las investigaciones bibliográficas.

De los tiempos en que empecé a laborar y pude autopatrocinar mi bibliofilia, recuerdo a don Orlando Vásquez Gallo, quien en los setenta funda la Librería Atenas y, aunque sin título universitario, pero como insaciable lector mientras llegaban los clientes, era un erudito en música, sociales y literatura.

En las tardes la Atenas se convertía en un tertuliadero. Orlando era muy generoso, como sabía que yo enseñaba, los 23 de abril me obsequiaba docenas de libros para que regalara a mis estudiantes.

Los medios de comunicación también deben dedicarles cuartillas a los libreros, no sólo referirlos en caso de noticia.

Hace algunos años los medios informaron que en la feria del libro de Bogotá robaron un ejemplar de “Cien Años de Soledad”, primera edición, firmado por Gabriel García Márquez, del stand del librero Álvaro Castillo Granada.

Quisiera contradecir a Lola Larrumbe Doral, cuando afirma que “porque viven entre papel, anaqueles y cajas, a los libreros la piel se les tornará frágil, quebradiza y amarillenta, por el polvo impregnado durante años”.

Que Dios proteja a Héctor Granada, Fernando González y todos los librovejeros.

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