Salí de Cali en la madrugada del miércoles 28 de abril y hoy se observa, con inmenso dolor, que la ciudad es otra.
Incapacidad del Gobierno Nacional para prevenir una situación como esta, lo sostuvimos en esta columna antes y después del confinamiento pandémico: Por homicidios / 100 mil hab. , niveles educativos bajos, horroroso PIB per cápita, combinación tercermundista de desempleo e informalidad, poco liderazgo contra la corrupción y es honesto. Y es tan ingenuo y neoliberal, en la mayor crisis económica y social generacional, una pésima reforma tributaria.
Volvió a perder la gobernabilidad y no tiene el control del país, librando guerra en las calles de Cali, con la subversión y el narcotráfico.
El Alcalde que no sea malinterpretado, llamar al diálogo y la concertación no es estar en frente de la insurrección.
El ciudadano, el empresario, la sociedad confundida, la mayoría expresó su apoyo a la protesta pacífica y rechazo a las reformas, pero han condenado la violencia.
Y ojo que muchas de las protestas no son pacíficas, el bloqueo de vías, de los accesos a Cali, el aeropuerto, puntos de la ciudad , etc, son hechos de violencia. Ahora las bandas armadas, el asalto al comercio, a los bancos, al MIO, a las estaciones, etc., son actos terroristas.
Gobiernos nacional, regional y local: Los ciudadanos necesitan protección, sus derechos a la vida y sus bienes.
*Europa, primavera 2021.
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