Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Lo que el Covid se llevó

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Quiera Dios que jamás se cumpla este titular, aunque se extienda la prohibición de reuniones, de espectáculos y el cierre de colegios. Si los cambios bruscos hoy confunden a los jóvenes que confinados se sienten expulsados de sus contextos socioculturales, ¿qué será de ellos cuando transiten a ese anunciado mundo nuevo y hagamos balance de lo que el Covid se llevó? Nuestras añoranzas despertaban curiosidades al pretender convencer de que los tiempos pasados fueron mejores.

Eran diálogos generacionales divertidos y a los jóvenes les narrábamos anécdotas que comprobábamos con fotografías, prensa vieja o remitiéndoles a algún canal de televisión que difunde programas de hace más de tres décadas.

¿Cómo reaccionarán en el anunciado mundo virtual, pero sin conectividad, sin arraigo cultural, sin empleo, pero con hambruna, conviviendo con un virus que invadió el planeta sin saberse hasta cuándo? La pregunta podrá sonar extremista y ridículo buscar una respuesta, por eso sugiero una analogía con el filme “Adiós a Lenin” (2003) de Wolfgang Becker y la historia de la militante que se accidenta en tiempos del muro de Berlín, que superado el coma y recuperadas sus funciones cerebrales, sus hijos, queriendo evitarle una recaída si llegase a enterar de la extinción del socialismo, le pre grababan falsos noticieros haciéndole creer seguía vigente la iconografía marxista que la perestroika se llevó.

Después de este coma social inducido, que seguiremos conviviendo o durmiendo con el enemigo, ¿cómo reconstruir los escenarios? ¿Cómo devolver el calor humano a las escuelas? ¿Cómo acostumbrarnos al afecto sin abrazos? Dios mío, por favor invalida mi titular.

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