El miércoles anterior escuché en un programa matinal de radio Viva, en su sección política, un manifiesto donde se pone de presente la inequidad social que ronda al país hace muchísimos años, lo cual es cierto, pero se da a entender que solo la izquierda colombiana puede cambiar esa situación.
Inmediatamente entrevistan al senador Alexander López, precandidato del Polo, en cuya entrevista pregona, básicamente, tres puntos: quitarles la riqueza a los cuatro personajes más ricos del país, unir a los más pobres alrededor de su candidatura y acabar con el uribismo, al que acusa de todo lo malo, olvidando, sesgadamente, a Turbay, López Michelsen, Gaviria, Samper, Pastrana y Santos, responsables de grandes males para la patria. Y lo que es peor, no menciona la corrupción de la justicia, representada en Leonidas Bustos.
Respeto las opiniones del periodista y del senador, pero, me asaltan curiosas reflexiones: ¿Es la izquierda la salvación de la nación? Ese discurso se lo escuchamos a Hugo Chávez antes de ser mandatario, incluso con la promesa de respetar la Constitución, pero, todo fue mentira. La reformó a su amaño, acabó con la libre empresa, creó desempleo, caos y violencia.
Dejó a Maduro como sucesor y este fue peor, incluso acusado por la CPI de crímenes de lesa humanidad. Creó nuevos ricos: todos parte de su élite de gobierno. Y unir a los más pobres contra los ricos es profundizar la terrible polarización y establecer una lucha de clases inaudita. Hoy los partidos políticos perdieron credibilidad. En ellos cada quien defiende sus propios intereses, incluida la izquierda, profundamente dividida.
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