Rodrigo Fernández Chois

Las armas las carga el diablo

Rodrigo F. Chois

Profeso una gran admiración por las armas de fuego. Como invento, representan una grandiosa evolución tecnológica.

El hombre pasó de lanzar piedras con la mano o con hondas como la que usó David contra Goliat, a lanzarlas con la ayuda de ingeniosos artefactos portátiles accionados con pólvora.

Ahora ya no lanzamos, sino que disparamos pequeños proyectiles, pero con un mayor alcance y de forma mucho más precisa y letal.

La balística, las estrías del cañón y la huella única que cada arma deja sobre su proyectil son, científicamente, fascinantes.

Pero también confieso que siempre les he tenido un inmenso respeto… Porque parafraseando el viejo refrán español: las armas las carga el diablo.

El presidente Abelardo de la Espriella ha levantado la suspensión general del porte para quienes poseen salvoconducto vigente.

Obviamente no es un libre porte: se requerirán exámenes físicos y sicológicos, antecedentes y controles legales.

Pero ya se escuchan dos voces al respecto: Los defensores de la medida afirman que la mayoría de los delitos se cometen con armas ilegales y que un ciudadano legalmente armado puede ejercer un efecto disuasivo sobre los criminales.

Por otro lado, los detractores advierten que más armas también pueden traducirse en más tragedias cotidianas debido a la intolerancia e impetuosidad que suelen gobernarnos.

El decreto ya está firmado y la discusión continuará; pero el veredicto final no lo darán ni los políticos ni los opinadores.

Como dijo el mismo Presidente, las matemáticas no mienten y en este tema tan complejo serán las estadísticas de homicidios y violencia las que, con el tiempo, les den la razón a los unos o a los otros.

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