La seguridad de Cali

Rosa María Agudelo Ayerbe

Debemos reconocer el esfuerzo que recientemente empezó a hacer la administración de Cali para mejorar la seguridad de la ciudad. Sin embargo, también hay que preguntarse por qué las diferentes estrategias no dan los resultados esperados.

Llevo casi 30 años en ejercicio periodístico y los debates en torno a la inseguridad no han cambiado sustancialmente.

Con diferentes nombres se lanzan planes de choque para contrarrestar oleadas de robos o de homicidios, acciones que usualmente buscan mejorar la «percepción» ciudadana y sobretodo la imagen de los funcionarios. Durante décadas hemos combatido los síntomas y no hemos planteado un plan estructural y de largo plazo que saque a Cali del mundo de la ilegalidad.

Nuestra ciudad está ubicada estratégicamente. No podemos aislar su problemática de la que se vive en todo el sur occidente.

En eso tal vez nos hemos equivocado viendo el narcotráfico, la minería ilegal y la lucha entre bandas criminales como asuntos de la costa pacífica y especialmente de los departamentos del Cauca y Nariño. Sí, allá se inician los ciclos pero aquí culminan los negocios y se mueven los recursos.

Eso hace de Cali este hervidero con el que no sabemos qué hacer.

Por años hemos intentado solucionarlo internamente con pañitos de agua tibia, sin éxito, y sin involucrar al gobierno nacional. Muchos ven en esta alternativa muestras de debilidad o de incapacidad pero no es así. Cali debe presionar por una acción contundente que combata el crimen organizado en la región, solo así mejorarán sus «cifras».

Tenemos como antecedente la lucha contra el cartel de Cali, una cruzada que se libró en la ciudad pero en la que actuó decididamente la Nación.

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