El terror político, el que no solo en la Universidad del Valle si no en el resto de las universidades públicas se haya decidido convertir en consigna el triunfo electoral del petrismo, so pena de que si no llegare a suceder esto se tomarán las calles, bloquearán y sitiarán las ciudades, es un aviso claro y contundente de que estamos ad portas de una catástrofe que nos puede llevar rápidamente a una guerra civil.
El contexto sobre el cual se ha montado la figura nacional de ”asamblea permanente”, es el resultado obvio, de la conexidad entre el paro nacional, la mal llamada protesta social y la conjura insurreccional de guerra urbana en las principales ciudades del país, que identificó a Cali como el modelo para que, terminada la elección presidencial y si el candidato del Pacto Histórico no fuera elegido, como en la metáfora leninista, nuestra ciudad sea la llama que incendiará la pradera.
La situación es sumamente grave, pues estas asambleas están lideradas por las vanguardias urbanas del ELN, que durante los bloqueos del año pasado demostraron una altísima efectividad en el control de la ciudad y en la rentabilidad política, que significó la legitimación como actor político de la llamada “Primera Línea”, para actuar a sus anchas, no solo en las elecciones parlamentarias, si no que en esta segunda vuelta actuarán como lo están haciendo, tratando a través del miedo y el terror, de lograr el objetivo político de elegir a Gustavo Petro.
El dilema del terror político, ya ha inventado y ensayado desde el siglo XVIII, es que esta captura el ejercicio de la política, para lograr el éxito de sus objetivos.
En nuestro país la gran encrucijada de terror se da porque el candidato Petro ha convertido en variables de su campaña el fraude electoral, un posible atentado sobre su vida y, por si fuera poco, un presunto golpe de Estado; estos tres elementos son la justificación para que las vanguardias del ELN y las “Primeras Líneas” hayan decidido amenazar con reditar los bloqueos en un ejercicio de respuesta a una supuesta victimización electoral que justifique el ejercicio de la violencia y el terror como se puede leer en sus discursos agitacionales y en el manifiesto insurreccional, donde declaran irresponsablemente persona no grata al candidato presidencial Rodolfo Hernández.
Esto no ha pasado nunca aquí ni en ninguna otra parte del mundo, razón por la cual están creando las condiciones objetivas para protagonizar un golpe de Estado al ejercicio y los resultados de la democracia.
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