En el Tuluá de mi infancia la marihuana solo Mango la fumaba en público. En mis años universitarios, meter perica daba más caché que fumar la marihuana que todos humeábamos.
Cuando recorrí a Tuluá por los días en que me hice elegir de alcalde por primera vez, empezamos a ver los toteados por meter bazuko.
En el vertiginoso acontecer alcanzó a ponerse moda la mezcla de perica y zuko y la marimba pasó a ser para cuchos y señoras de dedo parado.
Por estos días, cuando pese a mi hiperacusia, me tocó resistir media hora en una fiesta de turmequé me explicaron los más jóvenes que las cosas han cambiado radicalmente.
Los muchachos toman tragos largos para traspapelar las anfetaminas y manejan muy bien los gestos, salvo el desespero, cuando meten la droga de moda, el tusi.
Su avance ha sido arrollador y el daño que está causando en quienes la consumen ha obligado a la Asociación Colombiana de Medicina Vascular a emitir lo que llamó una “alerta de salud pública” por el aumento de complicaciones vasculares graves asociadas, según el gremio médico y científico, al consumo de “tusi”.
Los casos de isquemia, trombosis y daño orgánico en pacientes juveniles, alarman a los médicos. Los accidentes cerebrovasculares y los síndromes coronarios se volvieron frecuentes en pacientes menores de 25 años que llegan a las urgencias hospitalarias.
Lo más difícil, empero, es que quien consume el tusi no sabe a ciencia cierta si le han mezclado ketamina o polvos de la madre Celestina.
Un médico a quien consulté me dijo que el tusi es feniletilamina 2C-B y que le ha tocado tratar pacientes con síntomas como dolor intenso en extremidades, cambios de coloración, sensación de frío o entumecimiento, cefaleas súbitas y dificultades motoras o del habla. En otras palabras, hay que pasar la voz.
El tusi da una traba regia pero termina jodiendo intempestivamente. Lo que intriga es pensar por qué tantos poderosos que manejan este país dizque andan en la moda de meter tusi…
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