La maldición de Caín

Rodrigo Fernández Chois

El fratricidio -asesinar a un hermano de sangre- ha sido abominado siempre por la humanidad. Por mucho tiempo se consideró más grave que el homicidio, sin embargo, el agravante de la consanguineidad no es hoy tenido en cuenta para impartir justicia. Cosas de la modernidad.

No obstante, nuestra social evolución, el fratricidio contiene un inmenso contenido simbólico… Dante sitúa a los fratricidas en el Sexto Círculo de su Infierno, Rómulo bautizó su ciudad en honor de su mellizo después de asesinarlo y Caín fue maldito: “¿Qué has hecho? ¡Escucha! La sangre de tu hermano clama desde el suelo.

Ahora estás maldito y la tierra, que abrió su boca para recibir la sangre de tu hermano rechazará tu mano. Cuando trabajes la tierra, no te dará fruto. Vagarás eternamente sobre la tierra.” ¡Y fue entonces que Caín recibió su marca!

La omnipresencia que nos permiten las redes sociales dejó ver el enfrentamiento de dos hermanos en pleno centro de Cali.

Armados ambos de sendos cuchillos se lanzan sablazos a diestra y siniestra durante segundos que parecen eternos.

El dramático combate queda registrado en la cámara de algún transeúnte para placer de morbosos y horror de sensibles.

Finalmente, una estocada pone fin a la contienda, y el menos afortunado de los hermanos cae sin vida.

Caín mata a Abel por celos divinos, Rómulo a su mellizo Remo por transgredir la regla de respetar la frontera de la ciudad Eterna y el fratricida de nuestra historia, pasa a cuchillo limpio a su hermano por mil pesos, el miserable pago por cuidar una motocicleta parqueada en la calle. ¿Qué sigue?… ¡La Maldición de Caín!

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