Me enfurece escuchar a los miembros del equipo económico del Gobierno defender su reforma tributaria, llamada ley de financiamiento, argumentando que no tiene un impacto alto en las clases medias y que “favorece” a los pobres de este país.
Para mi las cuentas son muy claras. Una vez entre en vigencia, todos los productos de la canasta familiar costarán un 18% más.
Si se aplica en enero, y suponemos que el aumento del salario de los colombianos será del 6%, la capacidad de compra de todos se habrá reducido en un 12%.
Eso para los “privilegiados” de este país que estamos en el mercado laboral. Los que viven del rebusque, estarán enfrentados a bandearse con unos bolsillos que tienen que destinar un buena porción al IVA.
Es de espanto oír al director de la Dian decir que el país está preparado para devolverle el IVA a la población más pobre.
Todos sabemos lo que es un proceso de devolución de impuestos aún para contribuyentes organizados.
¿Cómo llegarán los dineros a millones de colombianos si ni siquiera están bancarizados? Este cuento de la devolución del IVA es tan cierto como la medida “temporal” que creó el uno por mil, que ya cumple no sé cuántos años y que va en el 4.
Es indignante que la primera reforma que saque adelante el nuevo gobierno sea para tapar el hueco que abren el derroche y la corrupción de nuestro vergonzoso Estado.
Hay premura y eficiencia para ahorcar con el cinturón a los colombianos, pero no se mueve un dedo para frenar la corrupción o para reformar las instituciones.
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