Dentro de los elementos del Estado, según la teoría constitucional se relacionan, la tierra, la nación las instituciones y la soberanía. La tierra es el origen de las disputas y de las guerras. El componente tierra según los constitucionalistas lo integran, además, el subsuelo( con las riquezas minerales), el espacio aéreo, la orbita geoestacionaria, el espectro electromagnético y el mar.
El suelo en general debe ser mirado como un ecosistema en cada país, que se fragmenta en fincas, predios, haciendas, latifundios, minifundios, terrenos baldíos, etc, todo ello en virtud a las divisiones de la propiedad privada, las ventas, transacciones mercantiles, tradiciones sucesorales, posesiones, despojos y las diferentes formas de tenencia de la tierra.
Según nuestra constitución el suelo debe desempeñar una función ecológica, es decir que ningún propietario en sus linderos puede depredar esos suelos, ni contaminar las aguas que discurren por su predio. Con este mandato constitucional podemos a empezar a pensar el por qué se registra tanta degradación de los suelos.
Sobre los suelos discurren los ríos, quebradas, sobre ellos se conforman las cuencas hidrográficas; sobre los suelos se levantan los páramos, crecen los bosques, las variadas vegetaciones, se conforman los humedales, es decir todos los ecosistemas dependen de grandes áreas de suelos.
Pero vemos como tumbar bosques para comercializar la madera o convertirla en carbón vegetal, es un negocio de muchos; otros pirómanos promueven incendios por maldad o para desvegetalizar e invadir; otros como técnica agrícola para ahorrarse el desbroce de la caña de azúcar, así desertizan, y con las fumigaciones salinizan; algunos agroindustriales y promotores de monocultivos, afectan los suelos al usarlos intensivamente, excavando, arando y reduciendo de manera drástica las especies y organismos del suelo; otros desbrozando irracionalmente tierras forestales y pastizales; empresarios agrícolas que invaden la faja lateral de los ríos para extender los cultivos de sus propiedades; y otro sector por las actividades de minería ilegal e intensiva en busca de riqueza acelerada, etc.
La capa del suelo no siempre es del mismo espesor, unas son delgadas y otras hasta de tres metros, esa fragilidad es la que no se tiene en cuenta para el cuidado y conservación, de allí el riesgo de destrucción de los suelos y de afectación de la agricultura, por ende, la amenaza a la seguridad alimentaria. El riesgo de alterar la biodiversidad, el equilibrio ambiental y demoler los ciclos productivos.
“La evapotranspiración constituye la principal vía de salida en condiciones en las que no haya pérdidas por percolación. El aporte de agua diluye el contenido iónico de la fase líquida y la evapotranspiración concentra la solución del suelo. La presencia de sales solubles en el agua del suelo puede llegar a ser perjudicial para las plantas, al impedir que éstas puedan absorber el agua o por el efecto tóxico de algún ión”, así lo expone el investigador Porta Casanellas. Si los procesos de evotranspiración son interrumpidos se pierde el roció que conforma el agua área.
Un estudio de la Universidad Pablo De Olavide, liderado por Manuel Delgado Baquerizo, “proporciona novedosas evidencias experimentales y observacionales de que la biodiversidad de distintos grupos de organismos del suelo es esencial para el funcionamiento adecuado a lo largo de distintos biomas de la tierra.
Estos procesos ecosistémicos incluyen la regulación del clima, la fertilidad del suelo, la producción de comida, la descomposición de desperdicios y el mantenimiento de suelos con una carga reducida de patógenos y genes de resistencia a antibióticos. El estudio destaca la necesidad de mantener la biodiversidad de distintos grupos de organismos del suelo, desde bacterias a lombrices y, sobre todo, de identificar y proteger aquellas especies con especial importancia funcional y que se encuentran altamente conectadas dentro de la red trófica”.
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