Mario Germán Fernández De Soto

La hora del ambiente

Mario Germán Fernández De Soto

Este es el momento de una mayor protección ambiental, de mejores planes de sostenibilidad y, por supuesto, el de las tecnologías limpias en medio de lo que se ha llamado la cuarta revolución industrial.

Es el tiempo para que el desarrollo del país vaya de la mano de aquellas formas de generación de energía que no impacten el medio ambiente, que sean compatibles con los recursos naturales, de hacer una transición energética en donde el subsector de las energías limpias se articule con la reactivación económica para apalancar los proyectos estratégicos de energías renovables y de transmisión. Es la hora de lo que se denomina el “crecimiento limpio”.

Impulsar el cambio hacia nuevas formas de generar energías es una responsabilidad con el planeta, produciendo energías renovables que se constituyan en fuentes amigables con el medio ambiente y, sobretodo, que estén al alcance de las comunidades más necesitadas. No podemos seguir el mal ejemplo de Hidroituango que, hasta ahora, lo único que ha generado son “dolores de cabeza” para sus promotores y decepción para una comunidad expectante por energías de bajo costo y amigables con la naturaleza.

La prioridad para Colombia tiene que ser la generación de energía solar y también la eólica, fomentando una agroindustria que esté en capacidad de entregar materias primas para la sostenibilidad de proyectos bioenergeticos. El Estado debe respaldar con recursos de fomento al sector privado en aquellas iniciativas que generen energías renovables y sostenibles; apostándole a la producción de biomasa, al bioetanol, a el biogás y a los proyectos geotérmicos. Para lograrlo, es necesario comenzar por usos agrícolas que protejan nuestros suelos, que conserven el recurso hídrico y que contribuyan a una mayor biodiversidad. Creo que hoy la gestión del ambiente es evitar los fertilizantes minerales y combatir los plaguicidas que deterioran la tierra productiva del país. Hay que avanzar entonces hacia una agricultura orgánica que se dedique a mejorar la calidad de los productos y que no sólo se ocupe de la cantidad de los mismos. El Minagricultura debe impulsar una nueva cultura agroalimentaria con más agricultura orgánica.
Hay que desarrollar programas que promuevan las nuevas generaciones de agricultores, tal y como se ha avanzado con el café orgánico, ampliandolo a los diferentes productos agroindustriales con una comercialización asegurada a través de ventas locales y regionales a partir de precios competitivos en el mercado; puesto que los consumidores premian la calidad con producción limpia por su origen . Es la hora del ambiente y la adaptación al cambio climático.

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