Como ha sucedido en diversas ocasiones, por estos días nuevamente soplan vientos de amenaza de suspensión de la prestación del servicio de transporte masivo MÍO. En esta historia de nunca acabar, los gerentes de GIT Masivo y Unimetro manifiestan que ante una deuda de $26.000 millones del fondo FESDE, se podrían ver abocados a la no circulación de 400 buses, lo que colapsaría el sistema.
Como concejal fui defensor, asumiendo el costo político que esto generó, del Plan de Salvamento presentado por la Administración Armitage, que tenía la premisa de la supervivencia del MIO, pero con el compromiso de impactar positivamente la prestación del servicio evitando trasladarle mayores costos a los usuarios. Para financiar el faltante de la tarifa se aprobaron $78.000 millones que fueron entregados bajo parámetros que incluían completar la flota de 911 buses (pactados en los contratos entre los operadores y Metro Cali) e incorporar 424 más y pasar de 97 a 127 rutas.
Hoy, 2 años después de la aprobación del proyecto de salvamento, debo reconocer que los compromisos poco se han cumplido. Ahora con el impacto que ha tenido el Covid, la situación no mejora sino que tiende a empeorar. Las fuentes de financiación establecidas para aminorar el impacto del sostenimiento del plan de salvamento no funcionaron porque el cobro por congestión recaudó menos de lo esperado y el pago del estacionamiento no se ha podido implementar, y con pandemia a bordo, tampoco será posible en el corto plazo. Entonces quedamos con la solución de destinar de los escasos recursos de libre inversión que tiene el Distrito para sostener un acuerdo con los operadores, que presionan a Metro Cali con el “coco” de la suspensión del servicio.
La prueba de este caos es que cerca de 10 presidentes han pasado por Metro Cali y todos han salido, en mayor o menor grado ‘calcinados’, bien sea por investigaciones o porque pese a las ilusiones que generaron en su momento, nunca se vio que el servicio mejorara en la práctica.
Hoy estamos presenciando un nuevo capítulo de esta historia de nunca acabar. Por eso, aunque tengo toda la confianza puesta en el actual presidente, Óscar Ortiz, y en su gestión, sé que los problemas estructurales hacen que tenga que manejar variables muy complejas: deberá evitar la tentación de caminar el mismo camino de sus antecesores y con entereza deberá adentrarse en los senderos no andados, en las posibilidades no exploradas que vayan más allá del diagnóstico.
Ortiz tendrá que superar el fracaso de los sistemas de transporte masivos públicos del país que se estructuraron bajo la perogrullada de creer que podían ser autosostenibles o en el error histórico de que en Cali no se inició la construcción y operación del MÍO en el Oriente, donde estaba el grueso de la demanda.
Debemos mirar desapasionadamente y sin rasgarnos las vestiduras otro tipo de opciones que deberán incluir la reestructuración de los contratos con los concesionarios del MÍO, porque lo que hay inhibe la gobernabilidad sobre el sistema y la consolidación de un transporte intermodal que posibilite la dignificacion del servicio. Si esto resulta imposible, hay que pasar a un borrón y cuenta nueva que podría incluir desde la caducidad de los contratos con los operadores por incumplimientos, hasta el manejo de la operación del sistema e inclusive la contratación de un tercero, pero en condiciones diferentes.
En otras palabras, sobre los hombros de Óscar Ortiz está acabar esta eterna agonía del MÍO.
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