Rodrigo F. Chois

La desgracia de la corrupción

Rodrigo F. Chois

Hace veinte años se presentó un momento en el que me sentí agobiado, sobrecogido y muy angustiado.

La razón de mi padecer tenía que ver con la abrumadora e incesante cantidad de malas noticias con las que nos bombardeaban a diario los medios de comunicación de entonces: el robusto televisor, la estrepitosa radio y los entintados periódicos.

Recuerdo que no había en aquellos años una mañana en nuestro país en que no nos dieran los buenos días con algún hecho trágico ocurrido como consecuencia del conflicto armado.

“Me voy a salir enfermando.” recuerdo haberle dicho a un amigo. “Haz como yo… ¡No veas noticias!” Fue su inteligente respuesta.

Confieso que fue una solución parecida a la que llevó a cabo Alejandro Magno cuando cortó de un tajo el Nudo Gordiano, famosa atadura que enlazaba un carruaje y que tenía fama de ser imposible de desatar… Tan así era que aseguraban que aquel que lo hiciera, conquistaría Oriente.

Siguiendo el consejo de mi amigo, no enfermé como temía, y pude sobrevivir emocionalmente concentrando mis facultades físicas y mentales al ejercicio de mis labores diarias.

Hoy, tristemente y de nuevo, he vuelto a experimentar las malsanas emociones con las que inicié esta nota. Pero ahora por causa de un mal mucho más dañino para nuestra sociedad por sus consecuencias colaterales: la abrumadora y exorbitante corrupción. Y con el agravante de que es imposible “desconectarnos” porque el bombardeo de las malas noticias nos llega directamente a nuestros móviles a través de las redes sociales.

Guardo la esperanza de que algo suceda, como ocurrió veinte años atrás, y ponga fin a esta desgracia.

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