La culpa es de la corrupción

Natalia Bedoya

Razón tiene el Presidente Duque cuando llamó “ratas de alcantarilla” a quienes se atrevan a robar el dinero destinado para ayudar a las familias más vulnerables. No hay duda en que como sociedad debemos repudiarlos y ponerlos en el paredón del rechazo social.

Pero en medio de la emergencia no sólo han quedado al descubierto los que se roban las ayudas, sino que se han hecho evidentes las falencias de nuestro sistema de salud. Todos coincidimos en que al personal de la salud se le deben garantizar sus condiciones laborales básicas, como pago oportuno de salario, dotación de los elementos de bioseguridad y, por supuesto, un medio de transporte que les permita llegar a su lugar de trabajo. El Gobierno está trabajando en ello, pero no podemos dejar de lado que el problema real de la salud en Colombia es la corrupción y que, si no la erradicamos, no podremos forjar un verdadero sistema con calidad para todos.

Injusto sería atribuirle todo lo que pasa con la salud a la ley 100 de 1993, esto sería desconocer el avance en cobertura del 95% que posibilitó a los más vulnerables tener acceso a un sistema de salud integral. Antes de la reforma de 1993, la cobertura en salud llegaba máximo al 31% de la población, con niveles de desigualdad altísimos que acrecentaban la pobreza y la miseria (Cifras Fedesarrollo).

El sistema de seguridad social en salud no es perfecto, pero sus problemas no radican en la ley, radican en la corrupción y en el manejo de las EPS. No nos engañemos. Seamos constructivos y no destructivos.

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