La ciudad del absurdo

Rodrigo F. Chois

“Hace tiempo, en abril de 2021, cuando los elefantes revoloteaban de flor en flor y con sus trompas chupaban el néctar de los mangos biches, me encontraba descansando en una roca de madera, comiendo un caliente cholado con mi tapabocas puesto. Leía las noticias en mi celular descargado. De repente se me acerca un muerto vivo, un contagiado sin enfermedad. Quedo paralizado mientras corro, pero afortunadamente caigo de nalgas y me rompo la frente. Llego a mi casa ajena, me acuesto en el lavamanos y salgo por la ventana. Descubro entonces que ha anochecido de día y obedezco aislándome visiblemente en cuarentena. Salgo después de unos perpetuos segundos y me tropiezo con varios baches en una calle recién restaurada. Y volví otra vez a caerme por primera vez en el hueco que tenía taponado el fluido tráfico de mi capital aldeana. Estando caído de pie veo en la radio noticias de una guerra sin balas, de muertos vivos y de una anormal normalidad. Voy al banco en el que no hay dinero y que no me atiende atendiéndome. Por supuesto me molesto sin decirlo. Al salir un inmigrante educado pide grosera y amablemente que le dé mi cartera. Le entrego el reloj y la argolla de soltero. ¡Me despoja la tranquilidad de mi vida entera! Huyo sereno temblando petrificado hacia mi hogar, el de mi madre… ¿Dónde vivo? le pregunto. Ella enojada sonriendo me contesta muy claramente: “En Cali mi amor, la Sucursal del Cielo”. Comprendí más confundido que nunca, que vivía muriendo en una ciudad sin lógica ni razón, pero con certeza de estar en la ciudad del absurdo”.

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