Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Jornada laboral – II

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Los temas de las jornadas laborales y de los salarios han sido asuntos determinantes en la historia que han fundamentado doctrinas económicas y han generado conflictos sociales. Economistas de ambas orillas tomaron sus posiciones sin desconocer que la producción tiene elementos comunes, aunque los sistemas políticos difirieran.

Coincidieron en que la producción requiere del trabajo humano que impulsa las fuerzas productivas, igual que la cuantificación del tiempo para la transformación de la materia prima y fijación de los salarios mediante la regulación legal. Y los nuevos productos necesitan del consumo humano con la asignación de precios en los mercados.

Por eso no entiendo que propongan reformas a la jornada laboral y proyecten maravillas, tanto para los trabajadores, como también para los empresarios. En la historia de la economía los voceros siempre tomaron posición: unos en defensa de los trabajadores y otros, en representación de los empresarios.

No aprobaban normas camaleonas con soluciones híbridas. Los conflictos laborales se resolvían con acuerdos fundamentados con leyes. Pero ahora, con el proyecto de una jornada de cinco horas diarias, pretenden aprobar lo que yo llamaría la Ley Midas, parodiando a aquel rey que todo lo que tocaba lo convertía en oro.

El proyecto no es resultado de un amplio debate, pero se atreven señalar paraísos para todos. A los empresarios tratan de convencerles de que seguirían produciendo lo mismo en menos tiempo. A la vez, pretenden ilusionar a los trabajadores anunciándoles que descansarán más, devengando lo mismo. Ninguna reforma puede desestimar el equilibrio entre la propiedad de los medios de producción y las relaciones laborales.

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