Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Jornada laboral de cinco horas

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Cualquier propuesta laboral debe despojarse de populismos. Cuando se presentó el proyecto de Ley 100 de 1993, Sistema de Seguridad Social Integral, aseguraron sería la panacea que solucionaría la salud.

Los críticos que advirtieron su espíritu mercantil implícito, se ganaron toda clase de epítetos. Pero su vigencia pronto demostró que no estaban equivocados. Esa situación se repite nuevamente con el tema de la jornada laboral que proponen sea de cinco horas diarias. Fundamentan la propuesta refiriendo “estudios internacionales que muestran mejor desempeño de la productividad en países que han reducido la jornada de trabajo”. Cualquier argumento sobre la propuesta tiene que hacerse incluyendo los dos ámbitos, producción y salarios.

Argumentar que “en un grupo de veinte países de Latinoamérica, el salario mínimo de Colombia se ubica en la posición número siete”, es subjetivo porque se habla de un ranquin desestimando el poder adquisitivo de cada moneda y la política de seguridad social interna de cada país. Los defensores de la propuesta de la nueva jornada laboral de cinco horas advierten que a los trabajadores se les pagará el mismo salario mínimo.

Lo dudo, basado en las investigaciones de Fedesarrollo que señalan cómo los empleadores para poder pagar el actual salario mínimo neto de 980.657 pesos, asumen una pesada carga de 445.253 pesos. ¿Qué esconde este segundo embeleco después de la nefasta Ley 100 de Salud? Hay un principio matemático de regla de tres simple directa, que guiará a los gerentes de las empresas al pagar nóminas, sin que afecten los activos: “A menos horas de trabajo, menos salario”.

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