Diario Occidente

Invierno, vuelve y juega

Víctor Manuel García

En los últimos días ha iniciado la primera temporada invernal en varias regiones de nuestro país (tal como lo anticipó el a veces cuestionado servicio meteorológico colombiano), y la situación es bastante preocupante.

Solo llevamos un puñado de días de lluvias intensas de lo que parece serán cerca de dos largos meses en esta situación y ya la zona rural de algunas de las regiones, incluyendo el Valle del Cauca, parece que estuvieran al borde del colapso.

Se ve colapso en las mismas no a causa de los habitantes de la ruralidad colombiana, sino porque cada vez que llega el siempre anunciado invierno, se hacen más visibles las precarias condiciones en las cuales sobreviven nuestros campesinos.

Viviendas con serias y evidentes debilidades de construcción tanto en sus materiales como en su localización, muchas de ellas en zonas de alto riesgo. Sistemas y metodologías de cultivo absolutamente arcaicos y desactualizados, muchos de ellos producto de conocimientos empíricos transferidos de generación en generación que han provocado un claro retraso en la forma de cultivar la tierra, tanto en sus niveles de producción como en su sensibilidad y vulnerabilidad frente a factores climáticos.

Respecto a los medios y vías de comunicación de la ruralidad en Colombia, el caso es simplemente absurdo.

Nuestro país presenta un atraso increíble y desconcertante en pleno siglo XXI. Si en alguna región de Colombia llueve dos o tres días seguidos con una intensidad moderada, es una situación que se traduce de manera constante y fidedigna en cierre de vías por derrumbes, desprendimientos de bancadas o en algunos casos pérdida total de un tramo de las carreteras.

La infraestructura de las vías de comunicación de las zonas rurales de abastecimiento alimenticio, son absolutamente deplorables.

Siempre hemos escuchado una excusa: “la geografía colombiana es difícil y hostil para los proyectos de infraestructura”, atribuyendo a esta situación el retraso que se presenta en la materia. Sin embargo, es importante poner sobre el escritorio la causa real de esta problemática que es constante y periódica todos los años: la falta de voluntad política.

Históricamente por los menos dos veces en el año, Colombia al ser un país del trópico, sufre las temporadas invernales, situación que se vivirá cada vez con mayor intensidad por cuenta del cambio climático, ya que los países ubicados en el ecuador serán aquellos que sufran con mayor frecuencia sus consecuencias.

Las temporadas invernales en nuestro país han sido cíclicas, repetitivas y con unos meses aproximados de ocurrencia, permitiéndola prever con antelación, sin embargo, en Colombia abunda la falta de previsión a través de acciones de mitigación real del riesgo.

Solo basta con recorrer algunos parajes y vías secundarias o terciarias para entender que jamás han sido prioridad. Siempre se encontrará con el punto de la vía donde eventualmente en cada temporada de lluvias, el mismo derrumbe hará imposible la comunicación por algunos días con la población del lugar, poniendo en jaque la producción, el sustento, la seguridad alimentaria y por ende la calidad de vida de nuestros campesinos.

Esta situación, por ejemplo, ya se hace presente en la zona rural del Valle del Cauca, específicamente en la vía que comunica la ciudad de Tuluá con Barragán y a Palmira con Tenerife, solo por mencionar dos puntos de gran importancia para la sostenibilidad alimentaria de los vallecaucanos.

En el primer caso lo más preocupante es que en junio del 2020 las autoridades municipales y departamentales hicieron entrega de 4.4kms de vía pavimentada en el sector de San Rafael, vía que hoy ya presenta signos deterioro a causa de la ausencia de obras de mitigación para deslizamientos en los costados de la misma.

En el caso Palmira-Tenerife, la situación es similar, la llamada “despensa” de la capital vallecaucana sufre de constantes cierres de vía a causa de los deslizamientos de tierra y ni que decir del estado de la vía “parcialmente asfaltada”, pero que en realidad parece una vía “volcánica”, llena de “cráteres y huecos”.

Es momento para que los gobernantes comiencen a hacer los que deben hacer, prestar atención a lo realmente importante, deben comenzar a gobernar de manera consecuente con una verdadera planeación, que el discurso hacia lo rural deje de ser solo retórica y se traduzca en verdaderas acciones concretas, para que no sigamos diciendo, invierno, vuelve y juega.

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