Hugo E. Gamboa Cabrera

Intereses que confunden

Hugo E. Gamboa Cabrera

Alguna vez el político vallecaucano Humberto González Narváez dijo que “la política era el arte de servir a los demás”, lo cual es cierto, pero, como estamos en Colombia, esa frase se distorsionó porque aparecieron personajes ambiciosos, muy ambiciosos, que vieron la oportunidad de enriquecerse gracias a que a la “gallina de los huevos de oro”, representada en los presupuestos oficiales, se le podía torcer el cuello en diferentes formas, para que la sustancia fuera más apetitosa, sustancia que era enviada a paraísos fiscales para que se dificultara su recuperación o investigación, pues eso se considera evasión fiscal y peculado por apropiación. Inicialmente fue escandaloso.

Infortunadamente, a los organismos de control y de justicia también llegaron ambiciosos que quisieron participar de la repartición, y, eso se volvió normal.

Posteriormente el Estado se inventó una forma de devolverle a los políticos parte de lo que invierten en sus campañas, a través del pago de determinada suma por cada voto que saquen, lo que, aparentemente, era una medida saludable, pero, como estamos en Colombia, a muchos se les ocurrió la brillante idea de lograr un aval para integrar una lista, no importa ideología o color ni ser elegido; solo interesa obtener de las autoridades electorales, el pago oportuno del emolumento prometido, así la inversión en campaña no haya sido voluminosa.

Por eso, el señor Gustavo Petro, por ejemplo, inscribió a varios familiares en distintos lugares del país, a sabiendas que no ganarán. Eso sí, la compensación económica será apetitosa. ¿Entienden porque la política es una buena inversión? ¿O será malicia indígena?

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