A pesar de que desde la administración local intentan minimizar el problema de inseguridad de Cali llamándolo “un tema de percepción”, lo cierto es que nuestra ciudadanía está sufriendo las consecuencias de una política blanda para enfrentar esta problemática; la laxitud en este sentido ha permitido el crecimiento de la criminalidad, ahondando el problema estructural de rentas ilegales que ha azotado a Cali, y sometiendo a la ciudadanía un constante peligro al transitar las calles de nuestra ciudad.
Sin importar las medidas de confinamiento y toques de queda a los que se ha sometido la ciudad en diferentes momentos de la pandemia, los homicidios, hurtos, extorsiones siguen creciendo; muestra de ello es que el segundo semestre del 2020 fue el más violento de los últimos 4 años. Como si esto fuera poco, Cali ocupó el deshonroso lugar de ser la ciudad colombiana con más homicidios en el primer trimestre del 2021 con 243 muertes violentas. Este fenómeno parece repetirse en abril, donde ya hemos visto episodios tenebrosos como el asesinato de un joven deportista en el cerro de las tres cruces.
Los homicidios preocupan, pero el deterioro de la seguridad de Cali no para ahí. Somos la segunda ciudad donde ocurren más hurtos a residencias, la segunda donde más locales comerciales son víctimas de atracos, la segunda donde más carros son robados, la segunda donde más se reciben amenazas y la segunda donde más extorsionan. Como si no fuera poco, también somos la tercera ciudad donde se denuncian más robos a personas (¿y los qué no denuncian?). Después de ver este panorama ¿Será posible que sigan diciéndonos que la inseguridad es un tema de percepción?
Ante el problema de seguridad las respuestas de las autoridades locales son insuficientes por decir lo menos; una gran parte de las cámaras de seguridad de la ciudad siguen sin funcionar, para el 2021 se redujo el presupuesto de seguridad en un 22%, y se desmontó el programa de Gestores de Paz que había dado buenos resultados en la anterior administración. La Secretaría de Seguridad de Cali sólo ejecutó el 63% de los recursos asignados para el 2020. Así pues, ¿cómo pretenden combatir la ilegalidad?
No es la primera vez que Ospina se muestra débil en sus políticas para combatir la inseguridad. En su primera administración la tasa de homicidios de la ciudad aumentó drásticamente, cuando recibió la ciudad la tasa de homicidios era de 69.9 homicidios por cada 100.000 habitantes, y sucedían alrededor de 1524 asesinatos el año. Para el final de su periodo asesinaban a 1849 caleños por año y la tasa había aumentado a 81 homicidios por cada 100.000 habitantes.
El futuro de la seguridad en Cali parece gris, y mientras la alcaldía y sus funcionarios se publicitan como Guardianes de Vida, en Cali ni se guarda la vida, ni se vislumbra una pronta recuperación en esta materia. Alcalde, es hora de reaccionar y dar un giro de 180 grados en su política de seguridad. Cali necesita mano firme en la lucha contra los bandidos, la ciudadanía está cansada de no poder transitar con tranquilidad por su ciudad.
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