Hugo E. Gamboa Cabrera

Ideologías que trastornan

Hugo E. Gamboa Cabrera

Cuando Lenin quería el poder en Rusia, ordenó asesinar al Zar y a toda su familia, pues no quería herederos de ninguna índole, inmediatamente, empezó a gobernar con las tesis de Karl Marx, porque consideró que eran lo mejor para su patria. Cuando murió, fue reemplazado por Joseph Stalin, un comunista sanguinario, ególatra, quien sospechaba hasta de su propia sombra, convirtiendo su gobierno en un Estado policivo muy peligroso. Se dice que ordenó la muerte de mucha más gente que las que se le endilgan a Adolf Hitler. Algo similar ocurre en ciertos países latinoamericanos, como en Nicaragua, donde Daniel Ortega se convirtió en dictador ordenando a sus fuerzas militares masacrar a todo el que saliera a protestar a las calles. La gente se asustó y dejó que este tipo manejara a su antojo el poder, como ahora que quiere reelegirse, pero a costa de la detención arbitraria de sus contrincantes políticos. Igual hizo Chávez con Venezuela, quien logró elegirse gracias a sus propuestas populistas, logrando que empresarios se fueran del país dejando a Venezuela sin empleo y sin posibilidades de desarrollo; gravemente enfermo, dejó en su reemplazo a otro peor–Nicolás Maduro–quien fortaleció los famosos colectivos en moto para que aplastaran cualquier motín ciudadano, incluso, ingresando a viviendas y matando a gente opositora.

Pues ahora, los cubanos, después de 62 años de padecer una vida triste y sin futuro, con unos hermanos y esbirros gobernando su isla y enriqueciéndose a manos llenas, decidieron rebeldizarse y exigir la caída del gobierno sátrapa, “mamados” de tanta injusticia social, donde Fidel acabó con los cultivos de caña de azúcar, lo mejor que tenían para exportar y también de textiles, entre otras cosas esenciales, dejando a su pueblo totalmente aislado y pobre. Incluso, hasta el sol de hoy, los dólares y euros que envían cubanos exiliados a sus familias en Cuba, los coge el gobierno cubano, entregando a cambio pesos cubanos que a duras penas tienen un pírrico valor. Así se ha manejado la isla, con el beneplácito de izquierdistas que viven en el exterior placenteramente, gracias al capitalismo que los rodea, oriundos de países distintos, sosteniendo tesis mentirosas en cuanto a una ideología que solo conlleva aquello de que “todos deben vivir bajo circunstancias iguales” pero siempre por debajo. En esos gobiernos solo el uno por ciento se beneficia, es decir, los que están en la élite del poder.

Hoy se acrecienta más aquella frase del expresidente panameño Omar Torrijos (q.e.p.d.), cuando dijo que no le gustaba el comunismo. “porque solo repartía la riqueza a través de tarjetas de racionamiento.”

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