Solamente hablemos de países de nuestro continente para no tocar otros del resto del mundo por razones de espacio, sobre el porqué de la precarización de las economías de los mismos, tales como Argentina, Nicaragua, Cuba, Chile, Venezuela y, posiblemente Colombia, países que tienen mandatarios de izquierda radical.
Colombia en sus últimos diez meses, además del presidente, cuenta con ministros como doña Irene Vélez, filósofa pero administrando una cartera demasiado técnica, en la que utilizan logaritmos y ciencia; Clara Inés Ramírez, Mintrabajo, cuyo mérito fue ser presidente de Fecode y furibunda hincha del gobierno castrista.
Afortunadamente, fue despedida Carolina Corcho.
Ellas, específicamente, manejaban el término “economía decreciente”, esa que se utiliza para empobrecer a los países en los que gobiernan. Eso está probado. No es sino mirar para esos lados.
Lo cierto es que ese “decreciente” tiene asustado a los colombianos, pues el gobierno actual lo utiliza como si fuera la panacea futurista para nuestro país.
Valga la pena decir al respecto, tomando afirmaciones del analista español Josu Imanol Delgado y Ugarte, “que no se puede olvidar, en lo relativo a la economía, que todos los intentos para implantar una economía “planificada”, como lo pregona la izquierda, ha sido un estruendoso fracaso.
“ Agrega el señor Delgado “que en el mundo cambiante en el que vivimos y, en la aldea global en que funcionamos, se debe competir constantemente en los mercados.”
Prosigue este analista “que intentar sostener la tesis de que una economía decreciente es mejor que una economía de mercado, resulta ser del todo equivocada e ilógica en nuestros días. Este tipo de economía nunca podrá ser productiva en la práctica, precisamente, por no ser competitiva. Esa economía decreciente, abocará, obviamente, en un desastre económico, indudablemente.”
En Colombia ya lo estamos viviendo. Por ejemplo: se habló de reemplazar la producción del petróleo y gas y, cambiarlo por el turismo, con tan mala suerte, que ese renglón del turismo, entre otras cosas sensibles, atraviesa su peor momento desde antes que Estados Unidos alertara a sus ciudadanos no viajar a Colombia por los altos riesgos que eso significa.
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